Muchas veces atendemos a las emergencias cuando el golpe llega: cuando las lluvias destruyen caminos, cuando la sequía golpea la producción, cuando los ríos se desbordan o cuando las fuentes de agua empiezan a escasear. Reaccionamos tarde, con presupuestos insuficientes y con la sensación repetida de que pudimos prepararnos mejor. Pero hay decisiones que permiten actuar antes. Una de ellas está hoy en Huánuco y se llama Yanajanca.
La propuesta del Área de Conservación Regional (ACR) Yanajanca es una decisión pública sobre el agua, la biodiversidad y el futuro de miles de personas. Ubicada en una zona estratégica entre los Andes y la Amazonía, Yanajanca reúne páramos, yungas, bosques montanos, lagunas altoandinas y cabeceras de cuenca. Es decir, no hablamos únicamente de paisajes valiosos, sino de infraestructura natural que cumple funciones concretas: capta, almacena y regula agua; conserva suelos; sostiene ecosistemas; y ayuda a enfrentar los impactos cada vez más evidentes del cambio climático.
De aprobarse, Yanajanca protegería más de 209 mil hectáreas en Huánuco. Su escala importa, pero no basta para explicar su valor. Lo verdaderamente relevante es lo que ese territorio sostiene. En su ámbito se encuentran 74 lagunas altoandinas y cuerpos de agua vinculados a las cuencas del Alto Huallaga y del Alto Marañón. Estas fuentes de agua benefician directa e indirectamente a más de 120 mil personas y son clave para actividades productivas como la agricultura y la caficultura. En un país donde la discusión sobre seguridad hídrica suele aparecer solo cuando el problema ya es visible, proteger espacios como Yanajanca debería ser parte central de cualquier política seria de adaptación climática.
Yanajanca es una biodiversidad. Sus bosques nublados y páramos albergan especies emblemáticas como el oso andino y el mono choro de cola amarilla, además de aves, anfibios, plantas y ecosistemas altamente sensibles. Sin embargo, reducir su importancia a una lista de especies sería insuficiente. La biodiversidad es la base que permite que los territorios funcionen. Donde hay bosques sanos, hay mejores condiciones para el agua. Donde se conservan cabeceras de cuenca, hay más posibilidades de sostener actividades productivas.
Por si fuera poco, en el ámbito de la ACR Yanajanca existen 13 localidades y 5 comunidades campesinas, autoridades locales, familias productoras, actividades culturales y economías que dependen de la salud del bosque. Una muestra más de que la conservación no tiene por qué estar enfrentada al desarrollo. Por el contrario, puede ser una condición para hacerlo viable en el tiempo. Proteger Yanajanca significa cuidar el agua que sostiene la vida local, pero también abrir oportunidades para actividades sostenibles como el turismo de naturaleza, la investigación, la producción de café, la educación ambiental y otras formas de economía compatibles con el territorio.
Este punto es clave porque muchas veces las áreas de conservación son presentadas, equivocadamente, como límites impuestos desde un escritorio. En el caso de Yanajanca, el proceso ha incluido años de trabajo técnico, socialización con localidades, diálogo con titulares de derechos y coordinación entre el Gobierno Regional Huánuco, autoridades locales y aliados técnicos. Este respaldo territorial no es un detalle administrativo: es lo que permite que una propuesta de conservación tenga legitimidad y posibilidades reales de sostenerse en el tiempo.
Hoy el país tiene una oportunidad concreta. Crear el Área de Conservación Regional Yanajanca no resolverá por sí sola todos los problemas ambientales de Huánuco ni del Perú. Ninguna medida aislada lo hará. Pero sí sería una decisión clara en la dirección correcta: proteger fuentes de agua antes de que se degraden, conservar ecosistemas estratégicos antes de que se fragmenten, y demostrar que el Estado puede llegar al territorio no solo con promesas, sino con decisiones que perduran.
En un contexto de cambio climático, cuidar la naturaleza no es una agenda secundaria; es la protección de nuestra infraestructura esencial, medios de vida y futuro de miles de familias. Yanajanca representa una oportunidad histórica para Huánuco y para el país. Postergarla sería, una vez más, reaccionar tarde. Aprobarla, en cambio, sería dejar un legado histórico: más agua protegida, más biodiversidad conservada y más posibilidades de desarrollo sostenible para las próximas generaciones.
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