WUF/ OpiniónBasada en la interpretación y juicio de hechos y datos hechos por el autor.
De la táctica a la práctica: el legado invisible de la Defensa
“La defensa no debe concebirse solo como un mecanismo para la seguridad, sino como un catalizador de innovación y desarrollo nacional”.

Coronel EP en retiro e investigador asociado del Centro de Estudios Geopolíticos y de Seguridad Nacional.
Este resumen es generado por inteligencia artificial y revisado por la redacción.

El programa televisivo “De la táctica a la práctica”, emitido entre el 2003 y 2004, ilustraba con maestría una realidad a menudo ignorada: la profunda conexión entre las innovaciones militares y su impacto en la vida cotidiana.
El programa televisivo “De la táctica a la práctica”, emitido entre el 2003 y 2004, ilustraba con maestría una realidad a menudo ignorada: la profunda conexión entre las innovaciones militares y su impacto en la vida cotidiana.
El Global Positioning System (GPS) es, quizás, el testimonio más contundente de esta evolución. Concebido originalmente con una finalidad estrictamente bélica –guiar misiles, navíos y tropas con precisión milimétrica–, su apertura al ámbito civil transformó el mundo de formas tan esenciales que apenas necesitan explicación. Sin embargo, el GPS es solo la punta del iceberg de una industria que, al buscar soluciones en los límites de lo posible, termina rediseñando el futuro de la sociedad civil.
Del mismo modo que el GPS abrió un camino de innovación civil, en el plano nacional resulta necesario señalar que la relación establecida con Estados Unidos, tras la oficialización del Perú como “Aliado Principal No-OTAN” (MNNA) por parte de EE.UU. en febrero del 2026 (Determinación Presidencial del 14 de enero, publicada en los primeros días de febrero), junto con el vínculo estratégico con Corea del Sur, abre un escenario propicio en el ámbito técnico y legal. Esta coyuntura nos obliga a tomar decisiones clave respecto a la modernización de las Fuerzas Armadas y la posibilidad de desarrollar una sólida ‘Industria para la Defensa’.
Al respecto, en su obra “Buena Estrategia, Mala Estrategia”, Richard P. Rumelt nos relata un caso de estudio a gran escala sobre la industria electrónica. Para entrevistar a los ejecutivos de grandes corporaciones, diseñó un método sencillo: les pidió que identificaran a la empresa líder en su rubro y explicaran por qué creían que había alcanzado ese liderazgo, además de compartir su visión sobre lo que funcionaba y lo que no.
La mayoría coincidió en que había surgido un cambio en la demanda o en la tecnología –una “ventana de oportunidad”– y que el líder actual había sido el primero en saltar a través de ella y aprovecharla. En otros casos, aunque no fueran los primeros en moverse, supieron hacerlo bien. Sin embargo, cuando Rumelt les preguntó por la estrategia de sus propias empresas, ninguno hizo referencia a ese salto decisivo ni al ‘momentum’ que lo acompañó.
Hoy, el Perú enfrenta la misma encrucijada que describe Rumelt: una ventana de oportunidad histórica abierta por el proceso de modernización de las Fuerzas Armadas. En tal sentido, una iniciativa legislativa para lograr un proyecto de ley para el desarrollo de las industrias de defensa se encuentra en proceso; en enero del 2026, el Consejo de Ministros aprobó y remitió al Congreso el proyecto de ley 13831, que promociona la Industria para la Defensa. Esta norma llega en el momento justo, pero su éxito dependerá de que trascienda el papel y se convierta en una verdadera política de Estado.
La norma no solo busca fortalecer empresas estatales como SIMA, FAME y SEMAN, sino que promueve explícitamente la articulación con el sector privado, la academia y la inversión extranjera inteligente, priorizando la transferencia tecnológica, la investigación aplicada y la generación de capacidades duales (militar y civil). Sin embargo, la historia advierte que el marco regulatorio, por sí solo, no garantiza el éxito. “Saltar por la ventana y hacerlo bien” exige un convencimiento profundo sobre la trascendencia de esta industria, no solo para las instituciones armadas, sino también para el sector privado nacional.
El verdadero salto cualitativo no vendrá de un decreto, sino de la simbiosis de la ‘triple hélice’ que otras naciones han perfeccionado: una arquitectura donde el Estado (Defensa) plantea el reto, la empresa privada desarrolla la solución y la academia aporta la vanguardia científica. Sin esa conexión vital –donde la industria privada comprenda que la tecnología de defensa ha sido históricamente el motor de lo cotidiano–, la ley será una oportunidad desperdiciada. No necesitamos solo una norma: necesitamos una visión en la que la defensa actúe como catalizador de una transformación industrial nacional.
Esta transformación no debe entenderse como un gasto aislado, sino como una inversión de alto rendimiento social. El primer paso crítico es fortalecer nuestras industrias militares actuales, potenciando su capacidad mediante alianzas estratégicas, no solo internacionales, sino también con la industria privada nacional. Se trata de un esfuerzo de beneficio mutuo que eleva los estándares de calidad de todo nuestro ecosistema productivo.
Bajo esta visión, el aprovechamiento de los mecanismos de compensación industrial (Offset) deja de ser una cláusula para la opinión pública y se convierte en un vehículo real para la transferencia de capacidades críticas y el codesarrollo tecnológico. Así, cada adquisición de material bélico debe traducirse en una ganancia tangible de conocimiento y competitividad, tanto para las empresas militares como para las civiles.
De este modo, si la empresa privada y las universidades logran ver en la Defensa un socio para la innovación disruptiva –y no únicamente un cliente estatal– dejaremos de ser simples compradores de tecnología para convertirnos en protagonistas de nuestra propia modernización.
En consecuencia, la defensa no debe concebirse solo como un mecanismo para la seguridad, sino como un catalizador de innovación y desarrollo nacional, capaz de contribuir decididamente a transformar nuestra industria y proyectar al país hacia un futuro más competitivo y soberano.










