La jornada electoral del próximo 12 de abril se anuncia caótica por dos razones fundamentales: la desinformación y el desinterés de quienes deberán participar en ella. La última encuesta realizada por Datum International para El Comercio revela, en efecto, que un 80% de los peruanos no tiene idea de cómo deberá hacerlo. No es que no sepa todavía por quién votar, sino que no sabe cómo deberá proceder para conseguir su propósito una vez que tenga la cédula de sufragio por delante. De hecho, un 50% de los encuestados confiesa en ese mismo sondeo que no ha visto todavía el modelo de esa cédula. Y, de entre aquellos que sí la conocen, un 61% la considera confusa: un dato que no sorprende por la pasmosa cantidad de ítems que plantea. La cédula de estos comicios es la más grande de las que hayamos tenido en nuestra historia (mide 42 x 44 cm) y está organizada en cinco columnas, cada una correspondiente a un tipo de elección. Nos ofrecerá, concretamente, la posibilidad de elegir una fórmula presidencial, 30 senadores en el ámbito nacional, 30 senadores en el ámbito regional, 130 diputados y cinco representantes al Parlamento Andino. En cada uno de los cuatro últimos campos, además, existen hasta dos recuadros para marcar – si así se desea– los números de aquellos postulantes a los que se quisiera favorecer con el voto preferencial.
La jornada electoral del próximo 12 de abril se anuncia caótica por dos razones fundamentales: la desinformación y el desinterés de quienes deberán participar en ella. La última encuesta realizada por Datum International para El Comercio revela, en efecto, que un 80% de los peruanos no tiene idea de cómo deberá hacerlo. No es que no sepa todavía por quién votar, sino que no sabe cómo deberá proceder para conseguir su propósito una vez que tenga la cédula de sufragio por delante. De hecho, un 50% de los encuestados confiesa en ese mismo sondeo que no ha visto todavía el modelo de esa cédula. Y, de entre aquellos que sí la conocen, un 61% la considera confusa: un dato que no sorprende por la pasmosa cantidad de ítems que plantea. La cédula de estos comicios es la más grande de las que hayamos tenido en nuestra historia (mide 42 x 44 cm) y está organizada en cinco columnas, cada una correspondiente a un tipo de elección. Nos ofrecerá, concretamente, la posibilidad de elegir una fórmula presidencial, 30 senadores en el ámbito nacional, 30 senadores en el ámbito regional, 130 diputados y cinco representantes al Parlamento Andino. En cada uno de los cuatro últimos campos, además, existen hasta dos recuadros para marcar – si así se desea– los números de aquellos postulantes a los que se quisiera favorecer con el voto preferencial.
Por otra parte, si esto es complicado para los electores, es de imaginar el dolor de cabeza que representará para los miembros de mesa. Esto es, para quienes deberán realizar el escrutinio del voto ejercido de la manera azarosa que describimos y trasladar la información a las actas. Como es obvio, los encargados de esa tarea necesitan recibir una mínima capacitación antes de enfrentar la responsabilidad que les ha tocado, y la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) ciertamente la ha puesto a disposición de todos ellos. Pero hasta ahora son menos del 10% de los miembros de mesa los que se han sometido a ese adiestramiento.
Si bien es de prever que esos porcentajes de desinformación vayan descendiendo en los días que nos separan todavía del 12 de abril, el cuadro es muy preocupante, porque ir a las urnas sin brújula es la receta segura para un naufragio. A esa precariedad se suma que, a menos de tres semanas de los comicios, los partidos ni siquiera han terminado de acreditar a sus personeros de mesa y de local ante los jurados electorales especiales, pese a que estos son piezas claves para vigilar la instalación, el sufragio y el escrutinio en cada mesa de votación. Lejos de ser meros observadores, ellos son los testigos directos de todo lo que ocurre en la mesa e incluso pueden dejar constancia en acta de cualquier irregularidad, de modo que su ausencia no haría sino agravar el riesgo de errores y suspicacias sobre la limpieza del proceso.
En lo que concierne a la elección presidencial, las cosas serán más sencillas en la segunda vuelta. Pero para entonces el Legislativo ya habrá sido elegido y no sería raro que ese poder del Estado sea nuevamente el que imponga condiciones a partir del próximo 28 de julio. Más delicada, en consecuencia, la situación no puede ser.