Hace unos días, la Comisión Multisectorial Encargada del Estudio del Fenómeno El Niño (Enfen) informó sobre la llegada de El Niño costero en marzo, un anuncio que, de hecho, guarda relación con las intensas lluvias que se vienen registrando en algunas regiones del país como Arequipa, Cusco, Ica y Junín. En Lima, el caudal del río Rímac alcanzó el umbral rojo en la noche del jueves y lo mismo ocurrió con el río Tumbes en la mañana de ayer.
Es inevitable, por lo tanto, no recordar los estragos que el fenómeno causó la última vez que pasó por nuestro país en el 2023. Pero, entre todos ellos, uno que suele olvidarse con facilidad es la epidemia de dengue que desencadenó, especialmente en Piura. La correlación entre El Niño costero y la enfermedad ya ha sido explicada por los expertos: el aumento en las temperaturas propiciado por el primero favorece el desarrollo del mosquito que transmite la segunda. En el 2023, el Perú registró más de 400 fallecidos y la mayor tasa de letalidad por la enfermedad en América Latina (junto con Venezuela). Además, el brote llevó a varios centros de salud al colapso y a la suspensión de las clases escolares, por lo que las autoridades deberían hacer todo lo posible para evitar repetir un escenario así.
Como hemos dicho en más de una ocasión, el dengue es una enfermedad relativamente fácil de tratar si se detecta a tiempo y mucho más sencilla de prevenir si se toman las medidas adecuadas (que se conocen, además, desde hace años). De hecho, regiones como San Martín y Ucayali, que han tenido experiencias históricas con la enfermedad, ya han comenzado a tomar acciones. El riesgo, sin embargo, está en aquellas zonas que no han tenido que lidiar con el virus antes, cuyas autoridades no están al tanto de las medidas preventivas y cuyo personal médico “puede no conocer el manejo y el tratamiento de la enfermedad”, como explicó el epidemiólogo Edwin Neciosup a este Diario. Y no olvidemos la posibilidad de que las lluvias y deslizamientos hagan mella en los establecimientos de salud o dificulten el transporte de los ciudadanos hacia ellos.
Hasta ahora, las cifras de afectados por el dengue se mantienen bajas. Pero sería un error confiarnos. En el 2023, ya vimos los estragos que la enfermedad puede desatar en poco tiempo. El Niño costero, inevitablemente, traerá consigo mayores mosquitos. Depende de nosotros y de nuestras autoridades que no traiga más muertes. Todavía estamos a tiempo, pero hay que tomar decisiones ya.
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