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Editorial: El fin de la fiebre amarilla

Luis Castañeda Lossio terminará la próxima semana una gestión con poco brillo y muchos cuestionamientos.

Editorial

Una combi cada 24 horas se inscribió durante la gestión de Luis Castañeda

Luis Castañeda Lossio dejará las riendas de la Municipalidad de Lima el próximo 1 de enero. (Foto: El Comercio).

El Comercio

El aún alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, dejará el cargo el próximo martes y le cederá la batuta a Jorge Muñoz, elegido para el puesto en los últimos comicios municipales. El actual burgomaestre sale de la municipalidad dejando una gestión con poco que celebrar y caracterizada, entre otras cosas, por su renuencia a aceptar su responsabilidad cuando algo ha ido mal, por la falta de transparencia y por decisiones tomadas privilegiando el mero ejercicio del poder por encima de la búsqueda por mejorar la calidad de vida de los ciudadanos. Una situación que podría servir para explicar el 76% de desaprobación (El Comercio-Ipsos) con la que deja el municipio y las altas expectativas que se ciernen sobre su sucesor.

Durante la gestión del señor Castañeda, las excusas y las evasivas se convirtieron en moneda común del burgomaestre y sus adláteres, así como la áspera reacción a todo aquello que pudiera entenderse como una crítica, viniese de quien viniese. Resaltan, por ejemplo, las inusitadas explicaciones que tanto el alcalde como uno de sus funcionarios trataron de darle al colapso del puente Solidaridad en el 2017 a causa de El Niño costero (el alcalde arguyó que la ingeniería tenía un límite que siempre es superado por la naturaleza), la respuesta al ex presidente Kuczynski cuando este hizo referencia a las estructuras que colapsaron durante el referido fenómeno natural (“el ladrón cree a todos en su misma condición”, dijo el alcalde al sentirse aludido) y el intento de responsabilizar a la gestión de Susana Villarán por la presencia de contenedores en Las Malvinas (en los que murieron dos jóvenes durante un incendio). Una actitud carente de un propósito de enmienda tan necesario en una ciudad como Lima.

La transparencia tampoco ha sido una cualidad muy resaltante de la administración de Castañeda Lossio, una circunstancia que ha sido fácilmente graficada por las quejas manifestadas por el alcalde electo Jorge Muñoz en torno al proceso de transferencia de mando. Solo el 24 de diciembre, por ejemplo, el aún burgomaestre de Miraflores aseguró que no ha recibido información del “estado situacional de las obras” emprendidas por la municipalidad; en otra ocasión ya había hecho pública su preocupación por el estado en el que encontraría el municipio.

Como hemos manifestado en esta página anteriormente, no son pocos los problemas de la municipalidad sobre los que el alcalde de Solidaridad Nacional y su equipo han sido poco claros. Están los contratos firmados con proveedores de servicios públicos, los arbitrajes –de los que Muñoz asegura la municipalidad “está llena”– y las deudas acumuladas que, según la Ficha de Análisis Multianual de Gestión Fiscal del Ministerio de Economía, ascienden a S/1.788 millones. Una situación que, sin duda, le reclamará mucho tiempo a la nueva administración que estaría mejor empeñada en encontrar formas de mejorar la vida de los vecinos.

En esa línea, es importante, también, hacer un balance de lo que nos deja la gestión de Castañeda y este es uno de obras inconclusas y necesidades de la ciudadanía que no han visto solución. Así, por ejemplo, tenemos obras como las que se están llevando a cabo en la Costa Verde, la ampliación de la Av. Ramiro Prialé y el puente de El Derby que no han sido concluidas. Además, proyectos como la Línea Amarilla, el puente Bella Unión y el by-pass de 28 de Julio que han sido entregados en medio de cuestionamientos de diversa índole.

Por su parte, la ciudadanía no ha visto una mejora en su calidad de vida. El tráfico en la capital, por ejemplo, sigue siendo un caos –en muchos casos por obras inoportunas como las que se están desarrollando en la Panamericana Sur durante las fiestas de fin de año– y el transporte público no luce más ordenado de lo que estaba antes de que Castañeda asumiera el cargo.

Así las cosas, la gestión de Luis Castañeda acaba con poco brillo y mucha desilusión para los vecinos. El burgomaestre se despide como un funcionario que no pudo sintonizar con lo que la ciudad y la ciudadanía necesitaban, en gran parte porque no se preocupó por escucharlas. Ahora le tocará a Jorge Muñoz, no solo llevar a cabo todo lo que su antecesor no pudo, sino emprender la formidable tarea de cambiar la forma en la que, desde la municipalidad, se ve la ciudad de Lima. El nuevo alcalde tiene que saber que su trabajo no será evaluado a partir de cuántos centímetros cúbicos de cemento utilizó, sino a partir de hasta qué medida mejoró la vida de los vecinos de la capital.

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