Por paradójico que suene, la inminente censura de Gustavo Adrianzén esta semana le abría una ventana de oportunidad a la presidenta Dina Boluarte para oxigenar su gobierno con un refresco de cuadros. De hecho, varias bancadas habían coincidido en la necesidad de un Gabinete de técnicos que le permitiera al Ejecutivo llegar sin mayores sobresaltos a julio del 2026. Sin embargo, como en tantas ocasiones a lo largo de su gestión, la mandataria no solo desaprovechó la coyuntura, sino que esta volvió a retratarla en toda su inexperiencia política.
El miércoles, ella volvió a presidir una segunda ceremonia de juramentación en menos de 24 horas, esta vez, para ungir al equipo ministerial encabezado por Eduardo Arana, quien venía desempeñándose como titular de Justicia desde setiembre del 2023. No obstante, más que de un nuevo Gabinete, conviene hablar de un enroque de ministros, pues 16 de los 19 que ya conformaban el equipo de Adrianzén han pasado a integrar el de Arana. Y los nuevos, en lugar de oxigenar al Gobierno, le han abierto nuevos flancos: del titular de Transportes, por ejemplo, ya se han destacado sus vínculos con César Acuña y con la minería ilegal; de la cabeza del Interior, la sospecha de que sería cercano al censurado Juan José Santiváñez; y del flamante ministro de Justicia, su investigación en fiscalía y sus lazos con Nicanor Boluarte.
En cuanto a Arana, cabe recordar que su paso por la cartera de Justicia estuvo marcado por sus propios escándalos, que van desde su defensa de la famosa “franja informativa” con la que el Ejecutivo buscaba imponerles a los medios contenido que destacara sus supuestos logros en la lucha contra la criminalidad, hasta las fugas de diferentes penales y centros de reclusión que han vuelto a poner sobre el tapete la crisis en el sistema penitenciario. Por último, se perdió la posibilidad de cambiar a ministros muy desgastados, como el investigado Morgan Quero o la interpelada Leslie Urteaga; y, por el contrario, se sacó a José Salardi, en una decisión que resulta desconcertante por llamarla de alguna manera.
Como consecuencia de todo esto, la sensación es que el Gobierno ha salido dañado de este episodio e incluso podría terminar peor si el Congreso decidiera rechazar el voto de confianza al Gabinete Arana que es, en buena cuenta, el mismo equipo de Adrianzén con algunos enroques y parches mínimos.