Editorial: Estamos de acuerdo
Editorial: Estamos de acuerdo

El lunes, tras varios años de negociación, el (TPP por sus siglas en inglés) fue aprobado por los ministros de Comercio de los 12 países participantes. Con esto, el mayor tratado de libre comercio del mundo está próximo a ser una realidad.

Para el Perú, este acuerdo afianza la política de apertura comercial emprendida desde hace décadas. De 1993 al 2014, la tasa de arancel efectivo general –es decir, el impuesto que pagan en promedio las importaciones para entrar al país– cayó de 12% a 1%. Desde la ratificación del con Estados Unidos en el 2007, el proceso de integración comercial con el resto del mundo se ha ido fortaleciendo y ahora el TPP nos haría parte de un mercado que representa cerca del 40% del PBI mundial y nos daría acceso preferente a aproximadamente 800 millones de consumidores.

Como en otros aspectos de las libertades económicas, la reducción de barreras gubernamentales e impuestos beneficia a pequeñas y a grandes empresas. Las compañías nacionales podrán acceder a mejores condiciones comerciales con países con los que ya teníamos un acuerdo vigente –como Estados Unidos y Canadá–, y ganarán un trato favorable en países con los que no teníamos un tratado –como Australia y Nueva Zelanda–. En estas dos últimas naciones, por ejemplo, la potencial demanda por nuestros espárragos, conservas de pescado y prendas de vestir de algodón, solo por mencionar algunos bienes, es alta. Hoy vendemos solo el 0,25% de lo que los países que forman parte del TPP importan, por lo que el margen para crecer es enorme.

Adicionalmente, el TPP facilita la creación de cadenas de valor. El Perú podrá importar insumos de países pertenecientes al tratado, procesarlos y venderlos a cualquiera de los países signatarios con condiciones preferenciales. En el caso, por ejemplo, en que una empresa peruana de textiles importe fibra de algodón de Estados Unidos para procesarla y luego vender el producto final en Japón, la camisa peruana en Tokio se vendería en condiciones preferentes. Ahora bastará con que se utilicen insumos de los países que forman parte del acuerdo para que el producto pueda ser exportado libre de aranceles.

Además de los beneficios comerciales, el acuerdo incluye, entre otros puntos, capítulos sobre compras públicas (que permiten a empresas peruanas participar de procesos de compras estatales en los países miembros del acuerdo), medio ambiente (que reconocen la importancia del uso sostenible de recursos) y propiedad intelectual.

Este último tema generó controversias durante las negociaciones, pues Estados Unidos buscaba ampliar la protección de patentes biológicas –una nueva generación de medicamentos para tratar enfermedades como el y el cáncer– hasta por 12 años adicionales a los 20 ya establecidos. Finalmente, se conoció que el plazo de patentes se mantendrá en 20 años –como establece la ley peruana desde 1993–. 

El tratado garantiza una protección de cinco años de los datos de prueba para los medicamentos de origen biológico, pero ello no tendrá un impacto efectivo en más de una década ni se traducirá necesariamente en mayores precios. Como recordó la ministra de Comercio Exterior y Turismo, Magali Silva, pese a las alertas de un sector de la población cuando se firmó el TLC con Estados Unidos sobre el potencial incremento en el precio de las medicinas, estas aumentaron solo 2,9% al año del 2011 al 2014, mientras que la inflación anual en ese período fue de 3,2% en promedio. Los costos que este tema pueda traer, entonces, parecen significativamente menores a los beneficios potenciales del tratado.

Si bien aún quedan pasos pendientes para que el TPP pueda ser puesto en vigencia, haber alcanzado un acuerdo en las negociaciones es motivo suficiente para que la población se mantenga atenta al tema y no deje que grupos de interés con agenda encubierta agiten las banderas de la desconfianza y el miedo al comercio exterior. La evidencia a nivel global no ha hecho más que probar lo equivocados que estaban.