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Editorial: La otra agenda de Verónika

Nuevo Perú busca ‘contrabandear’ su demanda de un cambio de Constitución bajo el ropaje de una marcha contra la corrupción.

Editorial: La otra agenda de Verónika

Editorial: La otra agenda de Verónika

Durante el proceso electoral del año pasado, la ex candidata presidencial del Frente Amplio (FA) y ahora lideresa del movimiento Nuevo Perú, Verónika Mendoza, sometió a consideración de la ciudadanía bastante más que un plan de gobierno. Su plataforma política incluía un cambio de modelo económico y, en última instancia, de Constitución.

Esos planteamientos, por lo tanto, fueron a las urnas y perdieron. Pero, al parecer, la agitación política del momento y la justa indignación que han despertado los recientes destapes sobre la corrupción que afectó a –por lo menos– los últimos tres gobiernos le han hecho pensar que existe actualmente una oportunidad de poner en vigor su agenda sin tener que pasar por el enojoso trámite de esperar hasta las próximas elecciones.

En una conferencia de prensa celebrada ayer, efectivamente, la señora Mendoza ha anunciado que Nuevo Perú va a ‘sumarse’ (en realidad, la han convocado ellos mismos) a la marcha del 16 de febrero ‘contra la corrupción’, que, de yapa, aspira a promover también su plan máximo.

“Movilicémonos todos este 16 de febrero para dar ese mensaje a esta clase política corrupta y para abrir un gran debate nacional para que podamos llegar a un nuevo pacto político y social […] que nos permita deslindar de manera definitiva con la corrupción que instauró [e] institucionalizó el fujimorismo. Y que los gobiernos, supuestamente democráticos, lamentablemente continuaron [y] siguen perpetuando”, señaló en la referida presentación pública.

Y, más adelante, redondeó la idea. “Si tiene que caer el actual presidente de la República para que podamos zanjar de una buena vez en el país con la corrupción, que así sea”, sentenció.

Pues bien, su iniciativa nos sugiere varios comentarios. Para empezar, que la lideresa política que empezó rechazando “categóricamente” que la anotación en una de las agendas de Nadine Heredia sobre una cuenta bancaria a la que llegaron dineros oscuros de Venezuela fuera suya y luego terminó diciendo “no lo niego categóricamente” (en lo que constituye un asunto todavía pendiente de aclaración), no parece la persona más indicada para blandir un dedo acusador y sin distingos contra “esta clase política corrupta”.

En segundo lugar, que es engañoso, por decir lo menos, convocar una marcha por una causa que suscita adhesiones casi unánimes –como la protesta contra la corrupción– y anexarle una bandera secundaria y menos popular –la demanda del cambio de Constitución– para que parezca que los que apoyan lo primero respaldan también lo segundo (esperamos, dicho sea de paso, que no desnaturalicen más el carácter no político-partidario del acto, aprovechando también para reunir firmas para su movimiento).

Lo más preocupante, sin embargo, es la duda que siembra acerca de la naturaleza democrática de los gobiernos posteriores al fujimorismo y lo dispuesta que luce a que ‘caiga’ el actual presidente: dos nociones que favorecen, precisamente, la posibilidad de ganar en la calle lo que se perdió en las ánforas.

Ante eso, hay que decir que la corrupción que pueda haber infectado a los gobiernos de Toledo, García y Humala, por alto que pueda haber escalado en la estructura del poder, no enerva su origen democrático, ni pone en duda la constitucionalidad de su mandato. Y que la derivación de una posible vacancia presidencial de la circunstancia de que el señor Kuczynski fuera ministro y jefe del Gabinete del toledismo parece la expresión de un turbador deseo, antes que el desarrollo de una hipótesis verosímil.

La legitimidad para cambios como los que apetecen a Nuevo Perú y Verónika Mendoza se obtiene en las elecciones, no en una marcha que ahora, gracias a la deliberada confusión de fines que ellos han promovido, tendrá de seguro menos asistentes que los que habría tenido si la convocatoria se atenía al motivo original: la lucha contra la corrupción.

Mientras espera el tiempo pertinente para tratar de avanzar esta agenda suya, además, tal vez la ex candidata presidencial pueda aprovechar para aclararnos cuál fue exactamente su involucramiento con esa otra que le ayudaba a llevar a Nadine Heredia. 

Lea aquí las editoriales anteriores de El Comercio.

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