Editorial: La bala mágica
Editorial: La bala mágica

Las milagrosas balas plateadas que servían para cazar a hombres lobos o que se hallaban como rastro de la aparición del Llanero Solitario solo existen en la imaginación de los autores y de quienes han gozado con sus relatos. La idea de que un artefacto prodigioso pueda servir para dar solución a problemas reales es, efectivamente, fantasiosa y razón no le falta al presidente Pedro Pablo Kuczynski (PPK) para afirmar que “no hay una bala mágica contra la inseguridad ciudadana”, acaso el problema más patente y grave que afronta actualmente el país.

Un problema tan complejo como el de la creciente delincuencia en el país no surgió de la noche a la mañana ni puede hallarse su origen en un solo lugar, por lo que esperar una solución de fábula sería tan ilusorio como irresponsable respecto de las expectativas de la población. En línea con ello, el ministro del Interior, Carlos Basombrío, anunció las 29 acciones que ejecutará su sector durante los primeros 100 días de gobierno.

Dentro de estas medidas se encuentran algunas muy destacables y que hemos reclamado anteriormente desde este Diario. Así, la aplicación masiva de un programa de recompensas ayuda, efectivamente, a involucrar a la ciudadanía en la lucha contra la criminalidad a la vez que genera mayores desincentivos para los delincuentes al multiplicar la probabilidad de que sean denunciados y capturados.

Ahí también está la mejor distribución del capital humano de la Policía Nacional del Perú (PNP), tarea que se emprenderá con la anunciada incorporación de 500 detectives a las tareas de investigación criminal, y el incremento del número de efectivos policiales en labores operativas (y no administrativas) en las comisarías y el número de patrulleros para los escuadrones de emergencia; o el patrullaje integrado entre la policía y el serenazgo que se implementará en siete ciudades y 800 vehículos de serenazgo, un necesario trabajo conjunto entre dos instituciones que nunca debieron estar divorciadas.

También ha sido ampliamente advertida desde esta página la imperiosa necesidad de brindar a nuestros efectivos las herramientas e incentivos necesarios para mejorar la institución policial. En efecto, medidas como el quinto tramo en el aumento remunerativo a los policías o la anunciada renovación de 12 comisarías en el interior del país que emprenderá la Asociación de Bancos del Perú (Asbanc), gracias al mecanismo de obras por impuestos –por primera vez utilizado en proyectos de seguridad–, van en sintonía con dichos objetivos.

Y son dignas de resaltar, por igual, medidas como la de llevar a cabo operaciones encubiertas dentro de la propia policía para prevenir y detectar casos de corrupción, o el relanzamiento de la oficina de asuntos internos para investigar tales casos en el sector. Ambos buenos pasos en el camino para separar a los malos elementos y recuperar la confianza ciudadana en una desprestigiada PNP.

Se trata, en suma, de decisiones que demuestran que el gobierno parece ir en la línea correcta en lo que respecta a la seguridad ciudadana y, tan importante como lo anterior, que han identificado correctamente esta materia como la más apremiante de sus prioridades.

Ahora bien, aunque todas estas medidas se ven muy prometedoras en el papel y algunas de ellas ya han probado su eficacia –como el sistema de recompensas–, lo que sigue es que las buenas decisiones vengan acompañadas por una ejecución eficiente, que es donde muchos otros gobiernos han fallado y, con ello, permitido que el crimen gane terreno.

Lo que se viene para la administración de PPK es una tarea muy ardua, pero son precisamente su dificultad tanto como su urgencia las variables que podrían valerle un gran rédito en la población si logra tener éxito. Y con ello, no solo habrá logrado mejorar significativamente la calidad de vida de los peruanos, al permitirles salir de sus casas y regresar a ellas sin el temor de ser asaltados o asesinados en el tránsito, sino que será su principal carta de presentación para conseguir el respaldo político requerido para otras importantes reformas.