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Editorial: Un cargo insostenible

Conservar una imagen impoluta para dirigir el Ministerio Público no es una característica facultativa, es un requisito mínimo.

Editorial

Pedro Chávarry

Pedro Chávarry fue incluido en las investigaciones de la organización criminal 'Los Cuellos Blancos del Puerto'. (FOTO: USI)

En los últimos meses, los audios que han destapado la crisis de nuestro sistema de justicia vienen dejando algunas lecciones que vale la pena recoger. Una de ellas –que hemos destacado anteriormente– es la visible frontera que separa lo moral de lo legal y que ha sido remarcada por algunos funcionarios quienes, sorprendidos al identificar sus voces en las ya célebres llamadas telefónicas, han tratado de aguar los cuestionamientos alegando que un acto vacío de ética no necesariamente conlleva un ilícito penal. Así, las mentiras, los favores y las presiones han pasado a formar parte de la normalidad de jueces y fiscales que, en tanto encargados de hallar justicia en el país, se supone, deberían tener una noción superior al resto de ciudadanos sobre lo que es justo o no.

Pues bien, lo dicho viene a cuento a raíz de la última denuncia que implica al fiscal de la Nación, Pedro Chávarry. Como se sabe, el jueves pasado, se conoció que el 15 de agosto Sandra Castro, fiscal anticorrupción del Callao, remitió un informe al fiscal supremo Pablo Sánchez en el que señalaba al señor Chávarry como parte de la banda conocida como Los Cuellos Blancos del Puerto. Junto al fiscal de la Nación, además, aparecían altos funcionarios de la judicatura, como jueces supremos, ex consejeros del CNM y otros dos fiscales supremos.

Si bien ya es inquietante que la cabeza del organismo encargado de perseguir el delito sea apuntado como un posible miembro de una organización criminal, las respuestas que ha dado el fiscal Chávarry a través de un video en las redes sociales para ‘aclarar’ este desaguisado han sido alarmantes.

Para comenzar, el fiscal ha hecho un recuento de todas aquellas críticas que acusa haber recibido en los últimos meses y que califica como falsas. Curiosamente, no hace referencia alguna a las principales sombras que se ciernen sobre su investidura, como sus mentiras para tratar de tapar una reunión con periodistas o su cercanía con el hoy detenido empresario Antonio Camayo y con el suspendido juez César Hinostroza.

Así también, el titular del Ministerio Público asegura sentirse sorprendido por la “gran cantidad de ataques subalternos, basados en mentiras, que he recibido”, en una aseveración que luce como un intento por desestimar el trabajo de la fiscal Castro. Además, Chávarry afirma que se ha convertido “en el blanco preferido de todos aquellos que defienden a los corruptos”, tratando de anular a priori las voces que lo critican –incluyendo los medios periodísticos que válidamente cuestionamos su conducta– y soslayando que, según la última encuesta de El Comercio-Ipsos, el 94% de los que están al tanto de su situación considera que no debe continuar en el cargo. Un fiscal de la Nación, en tanto encargado de perseguir el delito, no debe ser tan ligero como para tildar de corruptos a sus detractores.

Llama también la atención la admonición que el fiscal lanza en un momento. “No se escaparán los corruptos de este gobierno y los anteriores”, sostiene para –acto seguido– vaticinar: “ya los descubriremos”. No hay que ser experto para notar que posiblemente esta advertencia a quienes, según sostiene, están implicados en actos de corrupción pero que aún no descubre terminará desatando una furiosa persecución. Después de todo, si –como el propio fiscal de la Nación ha trazado– los cuestionamientos en su contra nacen del miedo de supuestos criminales, su permanencia en el cargo dependerá de cuántos funcionarios pueda poner tras las rejas. Y aunque la persecución de los corruptos puede ser deseable, cuando los motivos políticos se infiltran en la búsqueda de la justicia, esta última termina abandonando su ecuanimidad.

Es preocupante, asimismo, su tuit del jueves, en el que promete ser “implacable en la investigación” del caso de Los Cuellos Blancos del Puerto. ¿Cómo se puede ser implacable en una indagación en la que uno es señalado como involucrado? ¿Acaso el señor Chávarry espera que creamos que puede ser diligente al investigar los delitos que podrían terminar alcanzándolo?

Si el fiscal ha cometido algún delito o no, tendrá que verse en la investigación. Pero esto no se trata de si el señor Chávarry ha incurrido en un ilícito, sino de si mantiene la imagen impoluta que no solo le exige la ciudadanía, sino que le impone el propio reglamento para ejercer el cargo.

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