Editorial: Cortinas y muñecos
Editorial: Cortinas y muñecos

La reciente decisión de la Segunda Fiscalía Supraprovincial Corporativa de Lavado de Activos de abrir una investigación preliminar a Hiro y Sachie Fujimori, y pedir el levantamiento del fuero parlamentario de Kenji Fujimori para que pueda ser incluido en la misma, ha generado en la lideresa de Fuerza Popular (FP) y hermana de todos ellos, Keiko Fujimori, una reacción tan áspera como carente de sustento.

Como se sabe, esta investigación del Ministerio Público es consecuencia de una indagación previa, iniciada en junio del año pasado, a propósito del significativo incremento de capital que tuvo en pocos años la empresa Logística Integral Marítima Andina S. A. (Limasa), de propiedad de los tres hermanos Fujimori (de S/40 mil en el 2009 a S/2’867.320 en el 2014). Y ahora, a criterio de la fiscalía, hay indicios suficientes para pasar a esta nueva etapa investigativa, lo cual, a juzgar por los números, resulta razonable.

Ante ello, sin embargo, la ex candidata presidencial escribió días atrás en su cuenta de Twitter: “Basta de cortinas de humo sin fundamento y acusaciones falsas al fujimorismo para tapar Odebrecht”. Y también: “Mientras tanto crecen los rumores [de] que lejos de aquí, el señor Toledo y sus ministros de entonces están armando el muñeco”. 

Un clamor que no objeta la iniciativa de la fiscalía a partir de una explicación verosímil del referido incremento de capital, como habría cabido esperar, sino que simplemente la desestima con una interpretación política. Para la señora Fujimori, en efecto, la investigación es un intento de distraer a la opinión pública con respecto al Caso Odebrecht, que se vería confirmada por rumores de que el ex presidente Toledo y sus antiguos ministros estarían montando la coartada –‘el muñeco’– que les permitiría salir bien librados del asunto en algún lugar remoto: una forma apenas disimulada de referirse al viaje del presidente Kuczynski (que fue ministro de Economía y primer ministro de Alejando Toledo) a Estados Unidos (que es el último paradero conocido del ex mandatario).

No olvidemos que la congresista y vocera de la bancada fujimorista, Lourdes Alcorta, declaró también por esos días: “El viaje del presidente genera dudas, porque justo quiere ir al país donde está el ex presidente Toledo”. Una alusión, se diría, a los mismos rumores.

Pero, aparte de alimentarse de versiones ‘sin confirmar’ –que quizás estén bien para proveer contenido a un programa de chismes sobre la farándula, pero no para dar sustento a un alegato de la principal lideresa de la oposición contra una investigación–, la tesis de la señora Fujimori sugiere que la fiscalía estaría actuando al servicio de los intereses políticos del Ejecutivo: una especie peregrina que, a decir verdad, tendría que sostener con algún tipo de prueba.

Es digno de notar, al mismo tiempo, que, a diferencia de la ex candidata presidencial, el congresista Kenji Fujimori ha reaccionado de un modo prudente. Si bien ha hecho la salvedad de que, en su opinión, sus hermanos Hiro y Sachie “son señalados solo por razones políticas”, él ha manifestado también que su “conducta ha sido transparente” y que por ello ha pedido el levantamiento de su inmunidad “para que la fiscalía pueda realizar su trabajo”. 

Porque es precisamente de eso de lo que se trata: de que la fiscalía lleve adelante la investigación preliminar que los indicios han hecho recomendable y de que, en virtud de lo que pueda o no demostrar, concluya si las acusaciones son falsas o verdaderas. Eso es lo serio y lo que el orden institucional demanda.

El subterfugio político es, más bien, postular anticipadamente que todo es un tinglado de cortinas y muñecos para tratar de condenar de origen la indagación, o eventualmente frustrarla. Una reacción singularmente descaminada de la lideresa de FP que solo prolonga la reiterada incapacidad que exhibe el fujimorismo de dejar que sus viejas heridas se cierren.