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Editorial: Cosecha tempestades

El Ministerio de Agricultura ha emprendido una cruzada contra las libertades de empresa y de los consumidores.

Editorial

Ministro de Agricultura, limón y Sublime

(Foto: El Comercio/Difusión).

Según explicó el ministro de Agricultura, José Hernández, el alza del precio del limón en las últimas semanas se debe a “la conducta de algunos comerciantes que están especulando”. (Foto: El Comercio/Difusión).

Foto: El Comercio/Difusión.

Hubo un tiempo en que se creyó que el Estado y sus burócratas podían leer, interpretar y decidir sobre la economía y las decisiones de las personas mejor que las personas mismas. En que lo que se produce, cómo se produce y cuál debe ser su precio eran dominios mejor delegados a un grupo de burócratas ilustrados, no fuera a ser que el libre mercado se desbandara. Las consecuencias, como se sabe, fueron siempre escasez, inflación y pobreza.

Desde entonces mucho se ha avanzado en casi todos los frentes para comprender lo poco útil que resulta que el Estado pretenda, centralizadamente, imponer sus cánones sobre cómo deberían funcionar los mercados a los millones de consumidores y proveedores que interactúan en ellos. Decimos que se ha avanzado en ‘casi’ todos los frentes porque el Ministerio de Agricultura y Riego (Minagri) parece ser una clara excepción. Y lo ha demostrado por partida doble en los últimos días.

En primer lugar, el afán de control, reglamentación y definición de productos procesados ha alcanzado niveles inusitados durante la gestión del titular de dicho pliego, José Hernández. Luego del Caso Pura Vida –en el que el ministro Hernández se apresuró a pedir sanciones y condenar a la empresa por publicidad engañosa, cuando el Indecopi recién evaluaba la supuesta infracción y antes de emitir un reglamento sobre la leche y productos lácteos–, el Minagri apuntó sus baterías contra la industria del chocolate.

Según funcionarios del ministerio, bajo el nuevo reglamento conocidas marcas de chocolate, como Sublime, perderían el derecho a esa denominación por no tener suficiente porcentaje de cacao. Al respecto, el director general agrícola del Minagri, Ángel Manero, señaló –con gran desenvoltura– que “en el Perú tenemos los chocolates más finos del mundo, y por lo tanto merecemos consumir un chocolate verdadero”, como si los chocolates con alto porcentaje de fino cacao peruano no costasen varias veces lo que cuestan las marcas más populares, y como si la prioridad del Minagri fuera corregir y guiar a los “desinformados” consumidores de los chocolates con menos de 35% de cacao. Bajo un extraviado enfoque de defensa del consumidor (uno en el que el Estado decide lo que es mejor para el comprador), el Minagri perjudica marcas, reputaciones y ventas sin ton ni son legal para hacerlo.

Para completar la aparente cruzada en contra de la libertad de empresa y de consumo, el director general de Seguimiento de Evaluación y Políticas del Minagri, Christian Garay, señaló hace poco que el alza del precio del limón corresponde en parte a la especulación de los comerciantes. Es decir, ante una situación de obvia escasez –motivada por una menor campaña de producción a causa de El Niño costero– el representante del Minagri presume conocer cuáles son los márgenes de ganancia “adecuados” para los comerciantes minoristas, y de paso deja la puerta abierta para eventuales controles de precios. El razonamiento económico del señor Garay induce al mismo error que el de los burócratas del pasado; la verdad es que los precios altos, sean del limón o de cualquier otro producto, no son más que una señal de escasez y un incentivo para los productores de que deben proveer más de ese bien valioso, eliminando de paso la escasez. No hay necesidad de presumir especulaciones.

El Minagri y sus representantes se han embarcado, pues, en lo que parece ser una propuesta contraria a los vientos de libertad económica que han soplado en el Perú desde hace más de dos décadas y que, a su vez, colocaron a un presidente de aparente talante proinversión en Palacio. Las consecuencias para el Minagri de sembrar el otro tipo de vientos son harto conocidas.

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