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Editorial: Críticas frívolas

Algunas de las críticas al viaje del presidente Martín Vizcarra no parecen estar motivadas por las lluvias y los huaicos.

Editorial

Vizcarra

Las críticas que hemos escuchado en estos días, más que una llamada de atención al estadista, dan la impresión de ser un clamor de quienes se encuentran en incordios políticos por otras razones. (Foto: EFE)

El presidente Martín Vizcarra retorna hoy al país (aunque inicialmente su regreso estaba pactado para el domingo), tras un viaje oficial que lo ha llevado a España y Portugal, y en el que ha estado acompañado por la primera dama, así como por una comitiva que incluye a siete congresistas de diversas bancadas. Entre los eventos más relevantes de esta visita se han contado reuniones con el mandatario de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa, y el presidente del Gobierno Español, Pedro Sánchez. Y también una cita protocolar con el rey Felipe VI, así como la participación del jefe del Estado en la inauguración de un roadshow de inversiones en nuestro país, dirigido a los directivos de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales.

El viaje, como dispone la Constitución, fue aprobado por el Congreso. En una sesión del pleno celebrada el 30 de enero pasado, la solicitud del permiso para realizarlo obtuvo, efectivamente, más de 70 votos a favor y ninguno en contra. Llama la atención por eso que ahora muchas voces provenientes de las bancadas que lo consintieron expresamente se hayan levantado para considerarlo frívolo, inoportuno y políticamente inadecuado.

Desde Fuerza Popular, por ejemplo, han criticado la gira los legisladores Mario Mantilla, Lourdes Alcorta, Milagros Takayama, Tamar Arimborgo, Nelly Cuadros y Karina Beteta. Sus argumentos tienen que ver, en general, con el duro momento que viven actualmente los pobladores de muchas regiones del país a raíz de las lluvias y desbordes de ríos, y el dramático contraste que esa situación plantea en particular con los contactos con la realeza española. No queda claro, sin embargo, si la censura que formulan los congresistas fujimoristas alcanza a su compañera de bancada Leyla Chihuán (cuya afiliación a la agrupación naranja es clara, más allá de su licencia temporal), quien ha viajado con el presidente.

En el Apra, por otra parte, no solo han desaprobado la gira los parlamentarios Jorge del Castillo y Mauricio Mulder, sino también el ex presidente Alan García. “¿El Perú Primero? No, primero CASA, Conirsa y Obrainsa. Después a una feria de arte en España mientras el país se inunda y la anemia crece”, ha escrito él dos días atrás en su cuenta de Twitter.

No se han exonerado de la condena tampoco representantes del Frente Amplio y Acción Popular, como los legisladores Justiniano Apaza y Víctor Andrés García Belaunde. Este último con un curioso afán por establecer cierta conexión entre el presidente Vizcarra y el dictador español Francisco Franco, muerto en 1975, por el hecho de que el mandatario peruano iba a alojarse durante su estadía en Madrid en el palacio que aquel ocupó mientras estuvo en el poder.

Las observaciones han conseguido algún eco en la prensa y posiblemente impacten también en las próximas encuestas, pero más allá de su dimensión efectista, conviene considerar qué tanta sustancia entrañan. Los contrastes antes señalados pueden ser desde luego impactantes, ¿pero en realidad la presencia del jefe del Estado durante estos seis días en el territorio nacional habría supuesto una diferencia en la atención a los damnificados por los desastres naturales?

En un contexto en el que se reclama una administración política institucional antes que personalista, se diría que no. La vicepresidenta Mercedes Araoz, a cargo del despacho presidencial, y los distintos integrantes del Gabinete ostentan la autoridad suficiente como para enfrentar los problemas que hubiesen podido surgir.

No parece razonable que un viaje programado y convenido con los gobiernos concernidos en él con tanta anticipación fuese dejado de lado por una circunstancia que, dramática como es, podía ser atendida por los funcionarios que siguen al mandatario en la línea de mando del Ejecutivo. Si eso no es así, en realidad, estamos en problemas mucho más graves que los que la actual coyuntura plantea.

La importancia del viaje presidencial es, desde luego, opinable. Pero las críticas que hemos escuchado en estos días, más que una llamada de atención al estadista, dan la impresión de ser un clamor de quienes se encuentran en incordios políticos por otras razones o sienten que tienen alguna cuenta por cobrar con el gobierno y, en ese trance, han creído reconocer la oportunidad de reclamar que el presidente venga también a hundir sus pies un poco en el lodo.

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