Editorial: Al día siguiente
Editorial: Al día siguiente

La llegada de al Ministerio del Interior ha despertado gran expectativa en la ciudadanía, pues no solo ha asumido la cartera responsable de una de las materias que más preocupan al peruano común, sino que, además, tiene que reconstruir un sector que, si bien históricamente tuvo problemas, ahora, tras la gestión ruidosa e ineficaz de , ha sufrido una devastación política considerable.

El plazo para cumplir con semejante tarea, además, no sería extenso. Si tomamos en cuenta el promedio de duración de un ministro en dicha cartera en lo que va de este gobierno como precedente vinculante, dispondría de apenas 180 días. 

En ese sentido, es importante su anuncio de convocar a ex titulares del sector y a ex directores de la policía para recoger sus aportes, pues una de sus obligaciones inmediatas es mostrarse conciliador y abierto al diálogo para obtener el capital político necesario para iniciar su gestión con el pie derecho. Para esto, lógicamente, es indispensable que el señor Pérez Guadalupe, a diferencia de su predecesor, elabore en el más breve plazo una agenda pública de objetivos claros y realizables que logre convencer tanto a la oposición como al propio gobierno (especialmente al Ministerio de Economía y al presidente de la República).

Ahora, si bien el ministro ha señalado que no hará “reformas suicidas” y se concentrará en consolidar lo que “ya se avanzó”, desde este Diario nos preguntamos cuál habría sido concretamente ese avance. En cualquier caso, parte importante de la nueva agenda debería ser, más bien, la aceptación de que no se avanzó en mucho. Y muestra de ello son las múltiples promesas incumplidas de Urresti que Pérez Guadalupe debe retomar y hacer suyas para legitimarse.

Así, por ejemplo, debería empezar con la remodelación, a nivel nacional, de todas las comisarías que actualmente se encuentran en un estado deplorable; en algunos casos, incluso, sin servicios básicos. Asimismo, debe mejorar las bases de datos que permitan monitorear los delitos que se cometen a diario en el territorio nacional, culminar la compra de más de 11.000 computadoras para las comisarías y la licitación para la banda ancha que proveería a estas de Internet: una promesa de Urresti durante su interpelación en el Congreso. Finalmente, la reforma más importante y de más prolongada postergación que tendría que acometer es la de la eliminación del perverso régimen 24 x 24.

Por otro lado, si a nivel interno no encuentra luces suficientes para emprender una verdadera reforma policial, Pérez Guadalupe puede dirigir su mirada a lo que han hecho algunos de nuestros vecinos. De acuerdo con el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), , por ejemplo, era en el 2011 uno de los países de la región más asediado por la violencia. Su tasa de homicidios era de 22 por cada 100.000 habitantes. Y sin embargo, hoy es de solo 8 por cada 100.000: una de las más bajas de América Latina. 

Siempre según el , este importante logro fue consecuencia del compromiso del gobierno de tener una nueva filosofía policial al servicio del ciudadano. Con ese fin, la inversión en seguridad se duplicó y se invirtieron millones de dólares en la formación de policías y en servicios de comunicación integrados. Además, una herramienta fundamental fue la capacitación constante de los efectivos policiales y el aumento de sueldos por etapas. Hoy, un policía ecuatoriano gana cerca de US$1.000 al mes, uno de los sueldos más altos de América Latina. Ello motivó que, en el 2014, más de 25.000 personas compitieran por 2.000 plazas en esa institución.

Con ayuda del BID, se implementó, adicionalmente, una nueva base de datos de crimen y violencia, denominada el “Sistema David”, que permite saber dónde y cuándo se producen los hechos de crimen y violencia, con un enfoque especial en los siete delitos de mayor incidencia. Los datos, dicho sea de paso, pueden ser vistos en un mapa o un gráfico, y desde diferentes aparatos electrónicos, como computadoras o celulares. 
En fin, las ideas y las medidas posibles de adoptar son muchas. Pero en realidad lo fundamental es que Pérez Guadalupe tenga la presencia de ánimo para emprender una reconstrucción que hoy, casi al día siguiente de la desolación producida por el funcionario que lo antecedió en el cargo, luce como uno de los mayores retos que le queda pendiente a este gobierno.