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Editorial: Donde dije ‘dictadura’…

El congresista Marco Arana se arrepiente de haber llamado al régimen de Nicolás Maduro por su nombre.

Editorial

Marco Arana

En una entrevista con este Diario publicada el último jueves, el congresista dijo que en Venezuela“hay un régimen autoritario que aún es legítimo porque es emanado del voto […]. No es una dictadura formalmente”. (Foto: Archivo El Comercio)

Archivo El Comercio

La incapacidad de reconocer la naturaleza dictatorial del régimen que encabeza Nicolás Maduro en Venezuela es una vergüenza que la enorme mayoría de la izquierda peruana arrastra desde hace años y que la ciudadanía conoce bien. Por cuestiones de sintonía ideológica, candidatos y congresistas que se ubican en ese lado del espectro político han modulado coartadas para la tiranía chavista desde los tiempos en que la acaudillaba su líder original y sin ruborizarse demasiado. 

En esta página hemos recordado con frecuencia las contorsiones retóricas que ensayó Verónika Mendoza durante la campaña del 2016 al abordar la materia (“No es una dictadura porque no hubo golpe de Estado”, o “En Venezuela se han dado procesos electorales democráticos avalados por entidades internacionales”) y hemos llamado también la atención sobre la actitud complaciente de la bancada del Frente Amplio (FA) al respecto. 

En agosto del 2016, por ejemplo, cuando todavía el bloque denominado Nuevo Perú no se había separado de ella y durante una visita del líder opositor Henrique Capriles a Lima, esa bancada se negó a firmar una moción suscrita por las otras cinco que existían en ese momento en el Congreso y que hablaba sobre la afectación de la libertad de prensa, las violaciones a los derechos humanos y en general sobre “un régimen autoritario y represivo que ha llegado al crimen y a la persecución política de la oposición democrática” en Venezuela. Presentó, en cambio, una moción propia en la que apenas se mencionaba la “compleja situación política, económica y humanitaria” que se vivía en ese país. 

En ese contexto, resultó refrescante que, en marzo del año pasado, el parlamentario Marco Arana, líder del FA, pareciera decidido a no seguir pasando por agua tibia los atropellos del chavismo y, ante la actitud del Tribunal Supremo de Justicia, que había resuelto en esos días asumir arbitrariamente las funciones de la Asamblea Nacional (de mayoría opositora), declarase: “En Venezuela lo que hay ahora es una ruptura del orden constitucional, una ruptura de la posibilidad de encontrar una salida democrática. Es una dictadura”. 

La impresión que causaron sus palabras fue la de un corte que no por tardío, dejaba de ser valiente: uno de los principales voceros de la izquierda peruana había decidido llamar a la satrapía del país llanero por su nombre y eso lo distinguía por fin de todo el coro de fabricantes de indulgencias que fingían ceguera ante el chavismo y actuaban como si le debieran algo. 

La esperanza, sin embargo, estaba condenada a no durar mucho. La semana pasada, apenas un año después de haber amagado esa toma de distancia, Arana se ocupó de desandar el camino que había empezado a trazar, contradiciendo minuciosamente su sentencia anterior. En una entrevista con este Diario publicada el último jueves, en efecto, el congresista respondió a una nueva pregunta sobre el tipo de gobierno que existe en Venezuela afirmando: “Hay un régimen autoritario que aún es legítimo porque es emanado del voto […]. No es una dictadura formalmente”. 

Total, ¿en qué quedamos? Las dictaduras no son intermitentes… Lo intermitente, o más bien efímero, parece haber sido en realidad la determinación del líder del FA de cortar lazos con esa tradición de buena parte de la izquierda que en el fondo considera la democracia y el Estado de derecho una exquisitez pequeño burguesa que bien vale sacrificar en el altar de las reformas ‘revolucionarias’. ¿De qué otra forma explicar, si no, su particular adaptación de este trabalenguas que reza: “Donde dije ‘digo’, digo ‘Diego’”?.  

Donde un auténtico líder político dice ‘dictadura’, no puede pretender después que quiso decir ‘verdura’ o cualquier otra palabra que rime con la que quiere borrar del registro de sus declaraciones. Arana ha regresado, pues, al rendil de los vergonzantes apañadores del chavismo y las imágenes que vimos de él días atrás, alejándose incómodo y apurado de un grupo de ciudadanos venezolanos que lo buscaron en el Congreso para reclamarle un pronunciamiento firme contra el régimen de Maduro, lo confirman.

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