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Editorial: Enigmas como cancha

Nadie sabe muy bien en qué consistiría un eventual gobierno de César Acuña.

Editorial: Enigmas como cancha

Editorial: Enigmas como cancha

“Plata como cancha” se ha convertido, de cierta manera, en el estribillo de campaña de César Acuña. Una frase que se hizo famosa con la difusión de un video en el que el candidato, entre otras cosas, sugería que, de alcanzar la presidencia habría mucho dinero disponible para sus compañeros de aventura política. El líder de APP ha tomado a la ligera las implicancias de esa frase, llegando incluso a bromear con ella. Sin embargo, dada su ambigüedad ideológica y la telaraña de acusaciones que pende sobre él, pareciera que esta mantra suyo es lo único que puede ayudar a descifrar tanto a él mismo como al misterio de cómo conduciría el país de ser elegido mandatario, pues aparte de dinero, en torno a este candidato existen también enigmas como cancha.
Es un enigma, por ejemplo, la perspectiva política de Acuña. Mal se haría en tratar de sacar conclusiones al respecto a partir de una revisión de los colaboradores y aliados que lo secundan. Por un lado, tenemos a Humberto Lay, un pastor evangélico que traslada un cierto conservadurismo de la moral religiosa que profesa a su prédica política; y por otro, a personas como Anel Townsend, Marisol Espinoza y César Villanueva, ubicables más bien dentro de una difusa atmosfera izquierdista. 

¿Dónde deja esto a Acuña? Es complicado –por no decir imposible– determinar un paradigma ideológico que integre todos esos rostros y trayectorias políticas. Y queda claro que para ese propósito poco ayudan, al mismo tiempo, episodios como el de Acuña comentando la necesidad de un Ministerio de la Juventud… solo para que después saliese Villanueva, el jefe de plan de gobierno de APP, a decir que el asunto aún está en evaluación.

Por otro lado, cuando se trata de definir la fibra democrática de Acuña, estamos ante un enigma adicional. Hay que recordar, en ese sentido, que antes de lanzarse al ruedo en busca del sillón de Pizarro, el hoy candidato presidencial era gobernador regional de La Libertad y había sido elegido por los liberteños para que ostentase el cargo en cuestión hasta el año 2018. No obstante, justificándose con el supuesto argumento de que sería una ‘irresponsabilidad’ de su parte no presentar su candidatura a la presidencia, renunció tras apenas diez meses en el puesto. La verdadera irresponsabilidad, empero, radica en el acto de haber renunciado y, a través de ese gesto, restado valor a los votos de quienes confiaron en él para esa tarea. Aparte de traslucir ambición, su actitud generó serias dudas sobre el compromiso que tiene con el orden institucional gracias al cual aspira ahora a ser elegido presidente.

A esto se le suman las vulneraciones a las reglas de juego electoral, por ejemplo con los paneles, ya retirados pero financiados originalmente por la Universidad César Vallejo, que exhibían su rostro: un acto ante el cual el Jurado Electoral Especial tuvo que tomar acción; o también el video en el que se le ve intentando comprar votos por medio de la repartición de víveres adquiridos por su municipio a familias trujillanas. Para no hablar de ese otro video en el que, en una plaza pública, amenaza a la población de Pataz con no repartirle el canon, que por ley le correspondía, si en esa circunscripción no ganaba el candidato de su partido. ¿Podría, con esto en mente, definirse al señor Acuña como alguien respetuoso de los fundamentos de la democracia?

Luego está el misterio, comentado en estas páginas en un editorial anterior, de los 127 aportantes fantasmales a Alianza para el Progreso en el 2014. Este Diario dio a conocer que catorce de ellos, trabajadores todos de su universidad, negaban haber realizado los aportes que, según el informe de ingresos económicos del partido, les correspondían. En efecto se puede hablar de ‘plata como cancha’, pero los orígenes de la misma no necesariamente están claros.
Nos topamos, finalmente, con los enigmas más bochornosos. El más reciente de ellos, surgido de su hoja de vida. Como informó este Diario, Acuña declaró vivir en una casa en San Juan De Lurigancho; supuestamente en un tercer piso carente de ventanas. Esto resultaba particularmente sorprendente si se tenía en cuenta que había declarado también ganar S/56 millones al año. Sin embargo, se pudo confirmar de inmediato que su verdadera residencia estaba en Las Casuarinas, lo que llevó al candidato a decir que pronto vivirá en San Juan De Lurigancho para cumplir la promesa hecha a los pobladores de ese distrito. Este ir y venir, no obstante, solo termina por acrecentar lo borroso de la figura de Acuña y sus postulados.

Queda claro que, ante la aparente inexistencia de un norte ideológico y el superávit de cuestionamientos de diversa índole que lo envuelven –incluyendo materias como agresiones contra su ex mujer y mentiras manifiestas sobre la naturaleza de su relación con Tania Baca, la funcionaria municipal que en el video “plata como cancha” aparece como su cómplice– lo único que se ha mantenido constante en lo que concierne a este candidato es la abundancia de plata y enigmas.  

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César Acuña

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