Editorial: Un poco más de escritorio
Editorial: Un poco más de escritorio

Con ocasión del de la fundación de , la ex candidata presidencial y lideresa de esa organización política, , dirigió a sus partidarios y a la ciudadanía en general en el que reiteró algunas de las críticas que lanzó durante la campaña a su antiguo contendor y ahora presidente, .

Aunque centradas esta vez en su escasa presencia en los lugares más afectados por los embates de el Niño costero en el país, las pullas giraron en torno al tópico de los funcionarios de gabinete que ignoran los padecimientos de la gente común que, con poco éxito, se ensayó durante la segunda vuelta del año pasado como aparente antídoto de los cartones tecnocráticos de quienes respaldaban al candidato de Peruanos por el Kambio (PPK).

Como en los mítines de aquella época, la señora Fujimori dijo en esta oportunidad: “Nos preocupan esos ministros de escritorio que no viajan a la zona [afectada por las lluvias y los huaicos]. Que no se embarran los zapatos para darse cuenta del sufrimiento de estas familias”. Y le añadió al contraste una vuelta de tuerca caricaturesca. “Por otro lado, vemos a un presidente que debería estar en funciones pero que cómodamente ”, sentenció.

La verdad, sin embargo, es que la presencia del gobernante o sus representantes más autorizados en un lugar de desastre tiene un valor más simbólico y de solidaridad –importantes ambos, sin duda– que de solución inmediata a los problemas con los que se puedan topar ahí. La atención de las emergencias no puede ser episódica y, en ese sentido, trabajar con estadísticas y datos agregados, y con la opinión de varios expertos al mismo tiempo –es decir, hacer trabajo ‘de escritorio’– es a la larga mucho más eficaz que el que se puede hacer acumulando barro en las botas. Eso se parece más que a un esfuerzo ordenado y cabal de lidiar con la desgracia que azota estos días nuestra costa.

Discusión aparte, por supuesto, es la de si el gobierno está cumpliendo con hacer esto último.

Pero en lo que concierne a las expectativas que se generan naturalmente ante la perspectiva de un mensaje de quien encabeza la principal fuerza de oposición y su mayoría absoluta en el Congreso, es claro que el discurso ofrecido el jueves pasado quedó corto. No debería su comunicación con la ciudadanía reducirse a la enésima recitación de que han tenido “enemigos poderosos” que los “han estigmatizado” (lo que se ha convertido ya en el equivalente a un mito explicativo de la última derrota electoral), al anuncio de su compromiso con sus tareas fiscalizadoras (como las que entraña la interpelación en ciernes al ministro Vizcarra) o al recuerdo de que ellos sí están presentes en las zonas afectadas por el Niño costero.

Lo que se esperaba –y se espera todavía– de quien expresa la voz de un sector tan importante del electorado es el planteamiento de propuestas alternativas y no solo reactivas. En la atención de la presente emergencia, desde luego. Pero también en lo económico, en materia de seguridad, de educación, de salud…

E, irónicamente, lo que hace falta para alcanzar formulaciones de ese tipo es precisamente trabajo de escritorio. Lanzarle objeciones –muchas veces bien merecidas– al gobierno de turno y observar su progresivo deterioro no puede ser lo único que hace la lideresa de la oposición mientras espera su siguiente oportunidad de tentar el poder.

Es cierto que a eso han jugado históricamente en nuestro país las fuerzas políticas y los caudillos que, tras quedar segundos en una confrontación electoral, se perfilan como los más verosímiles herederos de la banda presidencial a la vuelta de unos años. Pero la evidencia de que a nada bueno ha contribuido en el pasado esa práctica demagógica debería hacer reconsiderar a la señora Fujimori las serenas virtudes de las reflexiones de gabinete.