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Editorial: Fronteras electorales

César Acuña debe responder sobre el uso político de propaganda universitaria.

Editorial: Fronteras electorales

Editorial: Fronteras electorales

Antes de terminar el año, y ya definidas las planchas presidenciales, es preciso revisar el cumplimiento de las reglas de juego de la contienda electoral. No debemos permitir que el próximo presidente sea elegido en un proceso en que la infracción sea aceptada y la trampa se haga institucional.

En este sentido, el Jurado Electoral Especial de Lima Centro 1 (JEE) ha abierto un proceso sancionador contra el partido Alianza para el Progreso (APP) por contravenir las normas electorales. Según la resolución publicada por esta entidad, existen “suficientes elementos probatorios que justifican objetivamente el inicio del procedimiento administrativo sancionador para la determinación de infracción de las normas de propaganda electoral” contra el partido de César Acuña.

El motivo al que alude el documento es la difusión de propaganda electoral por parte de supuestos estudiantes de la Universidad César Vallejo que repartieron panetones y pelotas en una chocolatada realizada en un jardín de infantes vistiendo polos con el rostro del candidato de APP. Esto infringiría el artículo 184 de la Ley Orgánica de Elecciones que prohíbe la realización de actos políticos en estos recintos educativos.

Si bien quienes participaron de la actividad representaban a la Universidad César Vallejo, el Reglamento de Propaganda Electoral del Jurado Nacional de Elecciones define la propaganda electoral como “toda acción destinada a persuadir a los electores para favorecer a una determinada organización política, candidato, lista u opción en consulta”. La publicidad realizada por la universidad, por consiguiente, forma parte de la oferta publicitaria a favor del candidato de APP.

Al respecto llaman la atención las declaraciones del secretario general de APP y presidente del Congreso, Luis Iberico, quien ha señalado que las acusaciones están siendo desmentidas ya que “no hay ninguna utilización de las universidades para hacer propaganda política”.

Por su parte, el personero legal de APP Juan Carlos González tampoco ha dado muestras de claridad al señalar que ha conversado con las autoridades de la universidad para que se detenga la campaña publicitaria en la que aparece su candidato. Agrega, además, que le han prometido que detendrán esta campaña, pero no puede precisar cuándo, pues APP no tiene injerencia en las decisiones administrativas de la universidad fundada por Acuña.

Mientras tanto el candidato de APP y presidente fundador de la Universidad César Vallejo responde con evasivas y frases grandilocuentes. “Yo no tengo la culpa de que los demás no tengan universidades”, ha dicho desde la ciudad del Cusco. Su actitud, sin embargo, revela una rebeldía contra las normas electorales.

Más allá de las declaraciones de los representantes de APP, la propaganda de la Universidad César Vallejo está centrada en César Acuña. Aunque es bastante extraño que una institución educativa publicite su calidad académica destacando al propietario, eso no tiene nada de ilegítimo siempre y cuando no estemos en un proceso electoral en el que esa misma persona compita (como es el caso actual). 

No se pide, empero, que la entidad educativa incumpla contratos publicitarios, sino que ajuste su contenido a la situación de un proceso electoral en el que participa su publicitado fundador. 

Así como las universidades no deberían estar involucradas en campañas electorales, las organizaciones políticas tienen que dar cuenta del manejo de los fondos de campaña. La fórmula de la Universidad César Vallejo en relación con el candidato de APP infringe ambos extremos. 

El JEE determinará si amerita una infracción electoral por este caso. La ciudadanía, por su parte, merece una respuesta seria y responsable del secretario ejecutivo nacional, el personero legal y el candidato presidencial de APP. 

Un candidato que trata de aprovechar la débil frontera entre lo educativo y lo político no sabrá distinguir acaso las fronteras entre aquello que es ético y lo que no lo es. Quien busque ostentar la banda presidencial, sea quien sea, tiene que tener un norte claro y, sobre todo, respetar a cabalidad los límites que desde su puesto tendrá que defender.

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