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Editorial: Un gobierno poco santo

Hay cada vez más pruebas de que, mientras Cajamarca se empobrece, Gregorio Santos se enriquece

Redacción

Editorial: Un gobierno poco santo

Editorial: Un gobierno poco santo

Como comentamos la semana pasada, mientras el resto del país crece, Cajamarca se encuentra sumida en una recesión desde hace dos años. Asimismo, según un reciente informe del INEI, esta región se ha convertido en aquella donde existe más miseria, teniendo a un 59% de su población bajo la línea de pobreza. 

Lamentablemente, las malas noticias siguen llegando desde Cajamarca. Hace un par de días, el Instituto Peruano de Economía presentó el “Índice de Competitividad Regional”, estudio que mide seis áreas del desempeño de cada región del país que dependen, fundamentalmente, de la gestión de sus gobiernos regionales y locales. Las seis áreas evaluadas son entorno económico, entorno laboral, educación, salud, infraestructura e instituciones (que comprende, a su vez, subrubros como percepción de la corrupción, conflictos sociales, rendición de cuentas públicas y seguridad, entre otros). Cajamarca ocupa el puesto 20 de las 24 regiones, habiendo incluso retrocedido en cinco de las áreas respecto del año anterior.

¿Por qué las cosas empeoran tanto en esta región que se encuentra –literalmente– sobre cerros llenos de minerales preciosos? Pues buena parte de la culpa recae en la cabeza de un personaje que durante los últimos años, en vez de dedicarse a impulsar el progreso, se ha dedicado a retrasarlo. Nos referimos, por supuesto, al señor Gregorio Santos, quien acaba de dejar el cargo de presidente regional para tentar la reelección.

Todavía están frescos los recuerdos de cómo Santos le declaró la guerra en su región a lo que él llamaba “el modelo económico neoliberal” y de cómo decidió convertir en la principal batalla de su guerra a la oposición al proyecto minero Conga. Una oposición para la que encontró excusas ambientalistas que luego un peritaje internacional demostró que no tenían fundamento. Pero ello, como sabemos, no impidió que Santos liderase un violento movimiento antiinversión. Este último secuestró a la ciudad bloqueando sus vías de ingreso e impidiendo su abastecimiento, agredió a sus opositores políticos y espantó a consumidores y comerciantes. De hecho, según la Cámara de Comercio y Producción de Cajamarca, entre noviembre del 2011 y julio del 2013, los ingresos diarios de los taxistas cayeron entre 40% y 60%, el consumo en hoteles y restaurantes disminuyó en 50%, y las ventas de los comercios registraron reducciones de hasta 80%.

A todo esto se suma que, como publicamos ayer, de acuerdo con el Ministerio Público, pareciera que el señor Santos no es un enemigo absoluto de las inversiones privadas, pues sí apoya algunas de ellas: las que lo benefician a él y a sus amigos. Según la Fiscalía Supraprovincial Corporativa Especializada en Corrupción de Funcionarios (la cual a su vez se basa en un informe de la Contraloría General de la República), existe evidencia de que el presidente regional y otras 37 personas (entre funcionarios de su gobierno y representantes de empresas constructoras) habrían cometido actos de corrupción en 11 procesos de contratación de obras y servicios valorizados en S/.129’829.477. Según la contraloría, existirían documentos que prueban incluso que Santos habría recibido sobornos por la suma de S/.802.100 de empresarios beneficiados con las obras que su gestión licitó. A esta presunta ‘organización criminal’ (en palabras de la fiscalía) se le imputan los delitos de colusión agravada y simple, asociación ilícita para delinquir, cohecho pasivo propio y genérico, y falsa declaración en procedimiento administrativo. El más grave de los cuatro delitos de los que se acusa a Santos lo podría llevar a cumplir una pena de hasta 15 años de cárcel. Dos miembros de esta supuesta organización ya se encuentran detenidos y otros enfrentan una orden de captura, pero se encuentran no habidos.

Como vemos, a nadie debería sorprender que Cajamarca ande en reversa. Lo que, más bien, sí sorprende es que, a pesar de todo esto, Santos se anime a tratar de que los cajamarquinos lo vuelvan a elegir para la presidencia regional. A estas alturas, ¿cuál será su eslogan de campaña? ¿“Honradez y progreso”? 

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