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Editorial: Para evitar suspicacias

El Congreso no puede ignorar la cercanía de sus miembros con personajes oscuros del sistema judicial que sugieren los audios.

Editorial

Héctor Becerril

“La eventual presión política de un parlamentario sobre un integrante del CNM para inclinar su voto en tal o cual sentido constituiría una inconducta que no debería quedar impune”.

Archivo El Comercio

El congresista y vocero alterno de la bancada de Fuerza Popular (FP), Héctor Becerril, ha anunciado ayer que se inhibirá de participar en las comisiones parlamentarias que investiguen los audios que han sacado a la luz un tráfico de influencias y favores entre integrantes del Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), jueces y otras personas. Se refiere, en concreto, a los grupos de trabajo de Justicia, Fiscalización y Acusaciones Constitucionales, de los que es miembro titular.

En carta dirigida al portavoz de la bancada fujimorista, Daniel Salaverry, Becerril puntualiza que lo hace “para evitar suspicacias”, puesto que se ha divulgado la grabación de una conversación entre miembros del CNM en la que se lo ‘quiere vincular’ con una reunión de la que él niega haber participado.

El audio en cuestión se difundió, efectivamente, este fin de semana y en él se escucha un intercambio entre los consejeros Guido Aguila y Baltazar Morales durante una sesión del pleno producida el 12 de febrero de este año. A lo largo del diálogo –y esto es lo que suscita las suspicacias que preocupan al congresista– ambos dan por cierta una reunión entre ellos que se habría producido el 1 de febrero del 2017 en casa de Aguila y a la que también habría asistido el congresista Becerril con el propósito de persuadir a Morales de que votara por Julio Gutiérrez Pebe como próximo presidente del CNM en la elección que tendría lugar al día siguiente.

La presunta cita, además, ya había sido mencionada en una nota de IDL-Reporteros, publicada en diciembre del año pasado bajo el título de ‘Conversación en Trinidad Morán’ (la calle donde vive Aguila) y en la que se sostuvo que, al pedir el voto por Gutiérrez, el mencionado legislador señaló que lo hacía en representación de su bancada y su partido. Becerril negó la reunión entonces y lo ha vuelto a hacer hace apenas unos días.

“Esa reunión fue otra patraña inventada; a mí no me van a amedrentar con hechos que no han existido”, dijo el miércoles pasado al ser consultado al respecto por la prensa. Ahora, sin embargo, las cosas han cambiado. Ahora la verosimilitud de su negativa enfrenta el inconveniente de que dos personas, que no sabían que estaban siendo grabadas, tendrían que haberse puesto previamente de acuerdo para mentir al respecto en medio de una conversación que no giraba esencialmente en torno a él o la cita de la que asegura no haber participado. Un alineamiento de eventos desafortunados para él que no luce muy probable…

Inhibirse de las comisiones que investigarán los audios, entonces, es un buen principio. Pero evitar las suspicacias demandará algo más. A saber, que sea él mismo objeto de una investigación en el Legislativo, pues ya sea que hubiese actuado a título personal o a nombre de FP, la eventual presión política de un parlamentario sobre un integrante del CNM para inclinar su voto en tal o cual sentido constituiría una inconducta que no debería quedar impune.

Algo parecido, por otra parte, cabe demandar acerca de los otros congresistas que las grabaciones hayan mostrado o pudieran mostrar en los días venideros como cercanos a cualquier miembro de la referida institución o del sistema de justicia del país en general –juez o fiscal– involucrado en negociaciones e intercambios de favores turbios.

En ese sentido, haberse citado a comer con alguno de los personajes oscuros de ese sistema sin conocer los dobleces de su comportamiento que los audios recién han mostrado no tendría por qué ser esgrimido como motivo de sanción contra nadie. Pero si al concertarse la cita la inquietante aureola que ahora se confirma era ya de dominio público, lo menos que cabe es pasar la relación por el filtro de una investigación que pudiera detectar cualquier trueque de gentilezas de otra índole. Para evitar suspicacias, desde luego.

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