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Editorial: Hoy no se fía

El Banco de la Nación no debe proveer préstamos.

Editorial: Hoy no se fía

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El Banco de la Nación evalúa dar créditos a personas y empresas desde el próximo año. Es una idea desacertada. Es un proyecto, además, que contraviene el ordenamiento legal vigente.

Las leyes, por supuesto, se pueden cambiar. No deben cambiar, sin embargo, cuando nos dan a los ciudadanos certidumbre sobre las consecuencias de nuestros actos. No deben cambiar si se mantienen las razones por las que se instituyeron.

El Banco de la Nación no fue creado para otorgar créditos a las personas y empresas. No es esa su función y, más aun, la tiene prohibida según su estatuto vigente.

El objeto central del banco es “administrar por delegación las subcuentas del Tesoro Público y proporcionar al Gobierno Central los servicios bancarios para la administración de los fondos públicos” (artículo 4 del estatuto). También presta servicios bancarios de recaudación, de administración de fondos y recursos del sector público, entre otros de esa naturaleza.

El banco “está impedido de realizar cualquier otro tipo de operación bancaria o de intermediación distintas a las previstas por este texto” (artículo 11 del estatuto). Adicionalmente, puede brindar servicios bancarios “en calidad de corresponsal de entidades del sistema financiero, en las localidades donde las entidades del sistema financiero se lo soliciten”.

Finalmente, el banco está autorizado a dar una línea de crédito a los trabajadores y pensionistas del sector público que  tengan cuentas en esa entidad. El banco baja su riesgo al contar con esos ingresos del trabajador o pensionista.

La idea de la actual administración es dar préstamos a través de agencias que sean las únicas bancarias en la localidad. Cualquier persona o empresa podría abrir una cuenta de ahorro o corriente y, sobre esta, podría dársele créditos. El Banco de la Nación pasaría, así, a ser un banco parecido a los bancos privados.

Los bancos privados otorgan créditos sobre el dinero que reciben en custodia. Son intermediarios de quienes buscan una rentabilidad de sus ahorros y quienes buscan dinero para sus proyectos. El Banco de la Nación no está hecho para captar los ahorros del público en general. Está hecho para administrar el dinero de la administración pública.

Si el banco llegara a prestar dinero a privados, estaría colocando no el dinero de otros particulares, sino dinero de tesorería o de recaudación. ¿Hay derecho para que el dinero público sea colocado en la ruleta de un negocio bancario? A menos que exista algo así como un “derecho a la bancarización”, no queda claro por qué debería el Estado entrar a este negocio. Después de todo, si la idea de expandir las operaciones es productiva, debería ser el sector privado el principal interesado en realizar estas inversiones.

Aparte de ello, si el Estado empieza a hacer negocios bancarios y captura la demanda en zonas en las que aún no han entrado los privados, ¿no reduciría esto el incentivo para que, eventualmente, los bancos comerciales abran sucursales ahí?

La administración del dinero del público, en general, debe estar separada del manejo del dinero de los particulares que buscan financiar sus ideas o proyectos o tener rendimientos de sus ahorros. Esa pared no debe ser porosa, sino compacta y sólida.

En el Perú ya ensayamos la romántica idea de que el sector público preste dinero a particulares. La idea original de la “banca de fomento”, por ejemplo, se deformó. El resultado fue un forado de 555 millones de dólares de esa época que tuvimos que pagar todos los peruanos. 

Involucrar al sector público en el otorgamiento de créditos para personas o empresas es introducir un incentivo de negocio que debe estar fuera del ámbito político. Otorgar préstamos se puede convertir, en algún momento, en una herramienta electoral o partidaria.

Si no somos capaces de aprender de los errores del pasado, quedaremos condenados a repetirlos. Es negarse a tener algún beneficio del tremendo costo que fue para el país eliminar las fronteras entre lo público y lo privado. Es negarse a avanzar.

Prestar dinero es un negocio particular, administrar dinero de los gobiernos es tarea del sector público, y no es sano romper la barrera entre ambos. No es sano confundirse sobre las tareas asignadas a cada uno. En todo caso, si algún rol debe jugar el Estado aquí, ese es el de proveer las condiciones adecuadas para que la inversión privada fluya hacia las zonas más alejadas (mejores carreteras, infraestructura en telecomunicaciones, seguridad, etc.).

No debemos contaminar el sistema financiero distorsionando las funciones del Banco de la Nación.

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