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Editorial: Antes de la lluvia

La comunicación del Ejecutivo sobre el Plan de Reconstrucción ha tenido serios traspiés y limitaciones.

Editorial

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Aprobación de PPK descendió a 19%, según GFK [27/8/17].

La semana pasada, en una entrevista radial, el presidente Kuczynski afirmó que no se utilizaría el Fondo de Estabilización Fiscal para las obras de la reconstrucción. (Foto: Archivo).

Como en todo desastre natural, lo primero que el fenómeno de El Niño costero puso a prueba fue la solidaridad de los peruanos y la capacidad de reacción inmediata, de urgencia, de las fuerzas públicas. Desde los voluntarios hasta las Fuerzas Armadas y Defensa Civil, la sensación en este aspecto fue de nota aprobatoria. Pero pasada ya la emergencia, lo que se pone a prueba son las capacidades institucionales del Ejecutivo para diseñar el plan de reconstrucción, comunicarlo adecuadamente y llevarlo a la práctica; una tarea más larga que la reacción ante la emergencia y, ciertamente, más difícil.

Con el plan de reconstrucción aprobado el pasado miércoles en el Consejo de Ministros, el siguiente paso es hacer públicas las ventajas de la iniciativa de manera sencilla y clara para la población en general, de modo que –al ritmo del eslogan “Una sola fuerza”– el empeño se sienta menos como un plan exclusivo del gobierno y más como un esfuerzo que todos compartimos.

Pero los primeros intentos de difusión han resultado fuera de foco. El primer traspié lo tuvo el presidente Kuczynski en una reciente entrevista radial. Cuando se le preguntó si para financiar parte del programa de reconstrucción se utilizarían los recursos del Fondo de Estabilización Fiscal (FEF) –que como se sabe, son los ahorros del Estado para responder ante casos de emergencia–, el presidente dijo de forma contundente que no, “porque estamos bien como estamos”. Acto seguido, añadió que “lo que tenemos que hacer es aprovechar esta mejora de precios internacionales para mejorar nuestra recaudación, darle más impulso a la Sunat, en el esfuerzo de formalización”.

Pero lo cierto es que, según la propuesta de ley de presupuesto público para el 2018, recientemente enviada por el Ejecutivo al Congreso, y según el propio primer ministro Fernando Zavala, casi la mitad de los S/7.000 millones que se invertirán el próximo año en la reconstrucción provendrá del FEF. El monto no es trivial (corresponde, por ejemplo, a cuatro veces el presupuesto de Pensión 65) y resulta sorprendente que el propio presidente no solo lo ignore, sino que además se anime a declarar al respecto en esas condiciones.

En segundo lugar, el enfoque mediático que el gobierno ha dado a los beneficios de la reconstrucción parece estar descaminado. El jueves, el presidente Kuczynski escribió en Twitter que “está en marcha un millonario plan de inversión que generará cientos de miles de puestos de trabajo para el sector construcción” y que la “construcción de carreteras, puertos, aeropuertos, represas, viviendas, #ReconstrucciónConCambios y Panamericanos impulsarán nuestra economía”. Otros representantes del Ejecutivo han expresado el mismo entusiasmo por los mismos motivos.

Todo eso puede ser cierto, pero el impacto que genere la reconstrucción en el número de empleos y en el PBI será, en todo caso, un aspecto secundario. Lo importante, y donde debe estar el foco de la discusión, está en cómo mejorará la calidad de los servicios públicos que deberán recibir los ciudadanos a partir de la reparación de colegios, hospitales, carreteras, etc. Crear puestos de trabajo con dinero de los contribuyentes, claro está, no es negativo cuando se necesitan obras públicas. Pero estos empleos temporales no se convertirán en sustitutos de empleos privados productivos y, ciertamente, no son ocasión de mérito como para celebrarlos. Son, a lo más, un parche coyuntural, fácil, financiado con el dinero de todos. La misma lógica se sigue en el impacto de la inversión pública: su mérito estará solo en función de la capacidad que tenga para cerrar brechas básicas y mejorar los servicios públicos que recibe la gente, no en función de su impacto en el PBI.

Así, el mensaje inicial que envía hoy el gobierno sobre el tema resulta impreciso y mal enfocado. Quedan todavía tres años –lo que dura el plan– para afinar la comunicación respecto del enorme esfuerzo que se requerirá para reconstruir el norte del país, pero sería bueno si lo logramos antes de las próximas lluvias.

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