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Editorial: Necesario paso al costado

Pedro Chávarry no ha exhibido la conducta intachable que su alto cargo le exige.

Editorial

Pedro Chávarry

“El fiscal Chávarry no puede permanecer en el cargo”.

Andina

Incluso desde antes de jurar al cargo, la imagen del hoy fiscal de la Nación, Pedro Gonzalo Chávarry, causaba serias dudas en cuanto al comportamiento que debe caracterizar la labor del titular del Ministerio Público. Como se recuerda, su gestión nació ensombrecida por un audio difundido en Canal N la víspera de su asunción, en el que se lo escucha conversar amistosamente con el ahora suspendido juez supremo César Hinostroza Pariachi. En el diálogo, Chávarry aceptaba apoyarlo con una documentación a fin de posibilitar un viaje del magistrado a los Estados Unidos.

Pues bien, como mencionamos en su momento, lo más preocupante de aquella conversación no era tanto el contenido (que, si bien mostraba una cercanía inquietante entre ambos personajes, no sugería ningún ilícito), sino más bien la reacción que motivó en el fiscal. Tras el destape, Chávarry aseguró que se buscaba “desdibujar la imagen del fiscal de la Nación” y afirmó –en lo que sonó a una crítica al medio que difundió el audio– que se debería investigar “por qué se tiene que filtrar ese tipo de información”.

Chávarry juró al cargo, a pesar de las dudas que para entonces ya habían empezado a suscitarse, incluso dentro de la propia institución. Al hacerlo, dejó en claro que su prioridad no era la reputación del Ministerio Público, sino su carrera personal. Dada la sombra de corrupción generalizada que había empezado a pesar sobre los órganos de justicia del Perú –y que sigue lejos de acabar–, cabía preguntarse si Chávarry era la persona idónea para dirigir a una institución clave para llevar a juicio a todos los posibles implicados en los entramados revelados por los audios.

Lo que se ha conocido en los últimos días a raíz de nuevos audios que involucran al señor Chávarry solo resalta lo evidente; esto es, que no puede permanecer en el cargo.

El 23 de julio, Canal N difundió un registro en el que se escucha al juez Hinostroza preguntar al hoy detenido empresario Antonio Camayo si podría organizar una reunión con periodistas para mejorar la imagen de Chávarry. Ante el destape, el fiscal de la Nación negó que él hubiera solicitado algo parecido y cargó contra Hinostroza, a quien acusó de “irrogarse” su nombre “para organizar este tipo de actividades”.

El problema para Chávarry es que su versión quedó desvirtuada apenas un día después, cuando el mismo medio publicó otro audio en el que quedaba claro que, por lo menos, el fiscal estaba al tanto de las gestiones que Hinostroza realizaba a su favor. “¿Te acuerdas que te había dicho que sería bueno conversar con algún medio?”, le inquiere el juez en ese diálogo. A lo que el fiscal replica: “Sí, hermano, tú me dices”.

Confrontado con la nueva evidencia, Chávarry se defendió alegando que la cita jamás se concretó. “No recuerdo esta llamada simplemente porque no se dio el almuerzo”, explicó en RPP, admitiendo implícitamente que la reunión se había acordado. En la misma entrevista, además, señaló que el encuentro jamás le interesó y que, si aceptó la invitación de Hinostroza, fue “simplemente por salir del tema”.

La versión de Chávarry lucía cada vez más inconsistente. Y, para su mala fortuna, dos nuevos audios divulgados anteayer revelan que, no solo sabía de las gestiones de Hinostroza, sino que las incentivaba. Luego de que, en una llamada, este le recuerda la reunión con su “amigo el de los medios”, Chávarry replica: “Eso es urgente, hermano”.

A estas alturas, tan claro quedaba que Chávarry había mentido, que tuvo que admitirlo. En entrevista con este Diario, finalmente aceptó que sí asistió a la reunión con los periodistas, una declaración que vino rodeada de excusas. De acuerdo con el fiscal, la idea fue siempre de Hinostroza; cuando acudió a la reunión no sabía que iba a la casa de Camayo; y si mintió, lo hizo para cuidar la imagen del Ministerio Público.

El fiscal Chávarry no puede permanecer en el cargo. Más allá de sus pretextos, es evidente que no goza de la “conducta intachable, públicamente reconocida” que de acuerdo a ley se requiere de un fiscal supremo.

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