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Editorial: Refritos y apanados

El fujimorismo muestra un doble rasero frente al Caso Odebrecht.

Editorial

Keiko Fujimori

(Foto: El Comercio)

El último jueves el fiscal brasileño Orlando Martello confirmó a la fiscalía peruana la existencia de una anotación sobre Keiko Fujimori en la agenda de Marcelo Odebrecht. (Foto: El Comercio)

El Comercio

A nadie le gusta ser investigado, y mucho menos a los políticos. Quizás anticipando el daño que podría sufrir su imagen, cuando un líder partidario se encuentra en dicha tesitura, sus recursos de defensa y los de sus adláteres suelen ser los de la victimización –alegando una persecución política, por ejemplo– y el ataque a quien dirige las pesquisas –en cuyo caso las afrentas van desde la idoneidad del investigador hasta el cuestionamiento a su independencia–. Lugares comunes repetidos como muletillas y que, al no venir acompañados de sustento, poco o nada hacen por alejar las sospechas que empiezan a pesar sobre ellos.

Este tipo de reacciones se han visto recientemente en tienda naranja con la noticia de que existe una anotación de Marcelo Odebrecht sobre Keiko Fujimori (“Aumentar Keiko para 500 e eu fazer visita”, según reveló IDL-Reporteros). Como se recuerda, el fiscal y jefe de la Unidad de Cooperación Internacional y de Extradiciones, Alonso Peña Cabrera, informó el último jueves que conocía extraoficialmente dicha información, y horas más tarde se supo que ello había sido corroborado por los fiscales brasileños en una videoconferencia con sus pares peruanos.

Frente a esta confirmación, las respuestas de diversos representantes del fujimorismo han sido del estilo ya comentado. Por un lado, estuvieron las expresiones dirigidas a presentar a la lideresa de oposición como víctima de un hostigamiento político: “Acá hay un ánimo orquestado de querer manchar la imagen de Keiko Fujimori” (Héctor Becerril), “Keiko Fujimori viene siendo investigada desde hace 17 años y es la política más investigada del Perú” (Daniel Salaverry).

Pero tampoco faltaron las arremetidas contra el Ministerio Público. “Me parece […] una cortina de humo”, “es una noticia vieja […] un refrito”, cuestionó la asesora parlamentaria Martha Chávez, y en línea similar la congresista Cecilia Chacón sugirió por Twitter un entrometimiento del Ejecutivo en las labores de la fiscalía: “Utilizar una campaña de refrito para ocultar baja popularidad huelgas y demás es absurdo [sic]”. Los congresistas Rolando Reátegui y Héctor Becerril también enfilaron contra el organismo constitucionalmente autónomo. Así, el primero declaró ante varios medios de prensa: “Que [el fiscal Cabrera] lo demuestre, pues. Porque yo también puedo pensar muchas cosas de él […] mucho cuidado con sus declaraciones”. Y acusó al magistrado de “falta de profesionalismo, de ética profesional” y de prestar atención a una supuesta “noticia falsa”. Por su parte, el vocero alterno del fujimorismo se enfrascó en un vergonzoso intercambio de insultos con su colega Yonhy Lescano, y llegó al extremo de requerir en dos ocasiones al Ministerio Público que rectificara el tuit en el que se anunciaba la existencia de la anotación que vinculaba a la lideresa de Fuerza Popular.

Lo cierto es que la anotación de Marcelo Odebrecht tiene relevancia en el marco de las indagaciones que realiza la fiscalía sobre posibles dineros ilícitos en la política local y los eventuales actos de ocultamiento y conversión en los que podrían haber participado algunos líderes partidarios.

Ello, por supuesto, no es lo mismo que imputar algún delito a Keiko Fujimori o a Fuerza Popular, más aun cuando las pesquisas en este caso se encuentran recién en una etapa inicial. Pero sí resulta paradójico que los miembros de un partido que semanas atrás congratulaban al sistema de justicia por la prisión preventiva dictada contra Ollanta Humala y Nadine Heredia por el presunto delito de lavado de activos, felicitando sus “decisiones autónomas” (Daniel Salaverry y Luis Galarreta) y saludando que “la justicia se aplica para todos” (Luz Salgado), así como sus “muestras de independencia” (Keiko Fujimori), hoy se muestren tan irascibles y pretendan enmendar la plana al Ministerio Público, generando de paso la impresión de que solo apoyan a la justicia cuando esta actúa en relación con sus rivales políticos.

Por ello, antes que hablar de “refritos” y hacer apanados a quienes, con razón, aguardan los avances de las indagaciones, harían muy bien los fujimoristas en no perder la calma, sobre todo si confían –como señaló su lideresa vía Twitter– en que no tienen “nada que temer”.

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