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Editorial: Se sentaron en el banco

La designación de Rafael Rey y José Chlimper como directores del BCR daña la independencia y tecnicidad de este organismo.

Editorial: Se sentaron en el banco

Editorial: Se sentaron en el banco

El día de ayer, sin que medie un debate previo, y gracias a los votos del partido fujimorista (que contribuyó con 66 adhesiones), Elmer Cuba, José Chlimper y Rafael Rey fueron designados directores del Banco Central de Reserva (BCR) por el Congreso.

Cuba y Chlimper fueron propuestos por Fuerza Popular (FP), mientras que Rey (quien, como se recuerda, postuló a la vicepresidencia de la República junto a Keiko Fujimori en el 2011) fue nominado por el Partido Aprista. Junto a ellos, fueron presentadas sin éxito las candidaturas de Humberto Campodónico (por el Frente Amplio) y Carlos Herrera Descalzi (por Acción Popular).

La elección de un director del BCR requiere de 66 votos en el hemiciclo, número que el partido fujimorista podía alcanzar por sí solo, por lo que se daba por seguro que los dos postulantes propuestos por FP serían escogidos. Pese a ello, lo que ocurrió en el pleno dejó una sensación preocupante. Ello pues se conoció a los postulantes apenas un día antes de la votación, no hubo audiencias públicas que permitieran realizar un debate de buen nivel, ni hubo siquiera una intención de alcanzar un consenso entre las bancadas.

La responsabilidad que tenía frente a sí el Parlamento era proporcional a la que debían asumir los designados. Se trataba de escoger tres asientos en el directorio de la institución económica más importante del país y la encargada de velar por la política monetaria nacional. El BCR se ha caracterizado –y ha sido reconocido internacionalmente– por una destacada gestión en los últimos años. Y ello se debe, en gran parte, a que los distintos gobiernos y conformaciones parlamentarias habían entendido que el manejo de una entidad altamente especializada debía mantenerse aséptica respecto de los vaivenes e intereses de la política partidaria. 

Dada su naturaleza, la ley exige que los directores del BCR deban tener una “reconocida solvencia moral, y poseer amplia competencia y experiencia en economía y finanzas”. De los tres elegidos, sin embargo, el único que parece cumplir ambos requisitos es Elmer Cuba. Si bien participó durante la última campaña electoral acompañando a Keiko Fujimori, su trayectoria profesional y prestigio como economista trascienden largamente a cualquier vinculación política.

El señor Rafael Rey, en cambio, carece de la experiencia técnica y los pergaminos que requiere el puesto para el que fue elegido. Los cargos públicos que ha ocupado  correspondieron siempre a espacios más políticos que técnicos (congresista, parlamentario andino, ministro de la Producción y de Defensa, y embajador). Es difícil pensar entonces que el Partido Aprista no haya podido encontrar a un profesional con un perfil más acorde para el cargo.

Por su parte, el señor Chlimper, pese a contar con un importante recorrido profesional, e incluso haber ocupado el directorio del banco por cinco años durante el segundo gobierno de Alan García, continúa siendo investigado por la fiscalía en razón de su participación en el escándalo del audio adulterado durante la campaña electoral. Escándalo sobre el que él, hasta la fecha, no ha dado explicaciones verosímiles. Y si bien goza de la presunción de inocencia como cualquier persona, su solvencia moral se encuentra en entredicho, por lo que no resultaba prudente que asumiera así una responsabilidad tan alta en el Estado. Además, su actual posición como secretario general de FP y el activismo partidario y opositor que ha mostrado incluso después de las elecciones añaden el componente político que precisamente debería evitarse en una entidad técnica y autónoma como el BCR. 

Ahora bien, aunque la elección se logró con los votos de FP y el Apra, existe responsabilidad también en el resto de bancadas al no proponer candidaturas que estuvieran libres de cuestionamientos. Cabe recordar que las ideas económicas de Campodónico a la cabeza de Petro-Perú y su empecinamiento por relanzar a la empresa estatal dejaron como resultado compromisos para el Estado por miles de millones de dólares , cuya razonabilidad económica no se ha demostrado. Algo similar se puede decir de Herrera Descalzi, titular de la cartera de Energía cuando el entusiasmo nacionalista por Petro-Perú era más latente, y quien fue uno de los más fuertes promotores del despropósito de la renegociación de los contratos del gas durante la última campaña electoral.

Hasta antes de este episodio, el BCR se había caracterizado por contar en su directorio con profesionales reputados que bien podrían haber sido designados con prescindencia de la conformación política del Parlamento. Ello, luego de un aprendizaje dolorosamente concebido. Ayer, sin embargo, el Congreso –y la mayoría fujimorista, en especial– nos dio una pésima muestra de la priorización de sus intereses partidarios por encima de los del país. 

Lamentablemente, ayer nuestros parlamentarios se sentaron en el banco.

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