Dos días atrás, como parte del foro “Radiografía de la primera vuelta de las elecciones 2026” –realizado por este Diario y América Multimedia para promover el intercambio de ideas en torno del proceso electoral en marcha–, el presidente del Banco Central de Reserva (BCR), Julio Velarde, dejó un consejo para el próximo jefe del Estado. Este deberá, afirmó, “armar realmente coaliciones [parlamentarias] que le permitan gobernar”. Precisamente esto, añadió, fue lo que ha faltado en los últimos diez años, en los que los enfrentamientos entre el Ejecutivo y el Legislativo han llevado a que tengamos ocho presidentes y tres representaciones nacionales (cuando debimos tener apenas dos de cada uno).
Como tantas otras veces, el titular del BCR ha dado en el clavo. Es cierto que todavía faltan dos meses para las elecciones y que, en el Perú, eso es muchísimo tiempo. Sin embargo, un análisis rápido de las encuestas de intención de voto muestra que es altamente improbable –por no decir imposible– que un solo partido logre la mayoría en el próximo Congreso. Para variar, las reglas electorales podrían llevar a que un grupo político tenga, por ejemplo, el control de la Cámara de Diputados, pero no del Senado, lo que obligará forzosamente a llegar a acuerdos para que el Legislativo funcione.
Por una mala interpretación del funcionamiento de la democracia, en nuestro país se suele creer que una victoria presidencial equivale a un cheque en blanco para que el ganador haga y deshaga a su antojo. La verdad, sin embargo, es que tanto la presidencia como el Congreso se eligen en las urnas y ambos son depositarios del mandato ciudadano. Por lo que ninguno puede pretender operar desconociendo o minimizando al otro. Seguramente, confrontar con el Legislativo –como hizo el expresidente Martín Vizcarra– puede servir para arrancar algunos puntos de popularidad, pero a la larga solo sirve para menoscabar la institucionalidad y atizar la polarización.
Además, que el Ejecutivo y el Parlamento logren entenderse es saludable para las finanzas del país. No es casualidad, como recordó Velarde, que desde que el entonces presidente Ollanta Humala perdió el control del Congreso en las postrimerías de su gobierno comenzaran a aprobarse leyes populistas en el hemiciclo. El Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), el guardián de la caja fiscal, debe ser capaz de disuadir a los parlamentarios de incurrir en iniciativas que solo dilapidan recursos. Y eso solo se logrará con un nivel de coordinación importante.
Finalmente, quienes obtengan representación parlamentaria deben evitar confundir fiscalización con obstruccionismo. En democracia, después de todo, tan importante como el comportamiento de quienes ganan las elecciones es el de quienes las pierden.
Ojalá que los candidatos hayan escuchado el consejo de Julio Velarde. Y que entiendan que, por el bien del país, quienes resulten ganadores estarán obligados a entenderse.