La criminalidad organizada ya no reconoce fronteras. El Tren de Aragua, los Choneros del Ecuador y las bandas del “gota a gota” colombianas operan en varios países a la vez, moviendo droga, dinero y violencia a través de territorios que, aislados, resultan incapaces de contenerlos. Frente a una amenaza de naturaleza transnacional, la respuesta solo puede ser también transnacional. Por eso, la incorporación del Perú al Escudo de las Américas constituye una decisión acertada e imprescindible.
La criminalidad organizada ya no reconoce fronteras. El Tren de Aragua, los Choneros del Ecuador y las bandas del “gota a gota” colombianas operan en varios países a la vez, moviendo droga, dinero y violencia a través de territorios que, aislados, resultan incapaces de contenerlos. Frente a una amenaza de naturaleza transnacional, la respuesta solo puede ser también transnacional. Por eso, la incorporación del Perú al Escudo de las Américas constituye una decisión acertada e imprescindible.
La coalición, impulsada por Estados Unidos y conformada por más de 15 países, busca articular estrategias comunes contra las bandas criminales, el narcotráfico, los cárteles y la inmigración ilegal. El valor de la adhesión peruana no es simbólico: en el combate al crimen organizado, la información y la inteligencia compartidas marcan la diferencia entre perseguir a un delincuente dentro de una frontera y dejarlo escapar con impunidad hacia el país vecino.
Precisamente en ese frente, el respaldo de Washington resulta decisivo. La Administración de Control de Drogas (DEA) y el FBI poseen capacidades operativas, tecnológicas y logísticas que ningún Estado de la región está en condiciones de replicar por sí solo, en particular para golpear las rutas del narcotráfico que conectan la producción sudamericana con el consumo en Estados Unidos.La utilidad de esta alianza acaba de quedar demostrada de manera concreta. La captura en La Paz, Bolivia, de Jhonsson Cruz Torres, ‘Pulpo’, cabecilla de la organización criminal Los Pulpos de Trujillo, fue posible gracias al trabajo conjunto de las policías de ambos países con el FBI y la DEA. Un fugitivo condenado a cadena perpetua y buscado por secuestro, sicariato y homicidio, que se movía entre el Perú y Bolivia, cayó porque las agencias dejaron de operar por separado.
El Escudo de las Américas no le resta soberanía al Perú; la complementa. Articularse con los vecinos y contar con el apoyo de Estados Unidos es, hoy, la forma más eficaz de defender a los ciudadanos de una criminalidad que no distingue banderas. La captura del ‘Pulpo’ es apenas un anticipo de lo que esta cooperación puede rendir. Corresponde ahora que la alianza se traduzca en resultados sostenidos y en justicia efectiva, para que la seguridad deje de ser una promesa y se convierta en una realidad cotidiana.