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Editorial: Mermelada en el ojo

Un cierto pasado traumático parece hacerle creer al fujimorismo que solo existe la prensa vendida.

Editorial

Mario Mantilla

El congresista de Fuerza Popular, Mario Mantilla, participa en una sesión de la Comisión de Constitución y Reglamento, el pasado 7 de junio del 2019. (Foto: Congreso).

Foto: Congreso de la República.

Un reportaje del programa “Cuarto poder” confirmó este domingo lo que hace tiempo era fácil de intuir: en Fuerza Popular (FP) profesan una auténtica ojeriza hacia la prensa que no les es adicta. Gracias a la divulgación de mensajes de chat intercambiados un año atrás entre varios de los integrantes más conspicuos de esa bancada, la ciudadanía ha podido comprobar, en efecto, que toda crítica o denuncia que los comprenda suele ser automáticamente asumida por ellos como “mermelada”. Una expresión que alude a la información sesgada –a favor o en contra de alguien o algo– que un medio o un periodista en particular pueda publicar a cambio de pagos bajo la mesa.

En los chats recientemente conocidos, el congresista que con más entusiasmo prodiga el término (o algún derivado de él) es el ex vicepresidente del Legislativo Mario Mantilla. Pero los parlamentarios Marco Miyashiro y Milagros Salazar también aportan lo suyo.
“Son mercenarios de la prensa, todo por defender su mermelada”, escribía por ejemplo en julio del año pasado Mantilla a propósito de los informes de un canal de cable sobre las marchas que provocaron los llamados “audios de la vergüenza” entre los miembros del antiguo Consejo Nacional de la Magistratura. Y Miyashiro proveía el coro: “En FP debemos estar advertidos [de] que la prensa mermelera lanzará más tinta y mier…”.

La predilección por el giro en los predios del fujimorismo, por lo demás, se había hecho ya evidente en una famosa intervención del congresista Luis Galarreta, cuando era titular del Parlamento. En mayo del 2018, incómodo por las preguntas de algunos reporteros acerca de una compra de televisores para ciertos despachos congresales (que luego fue anulada), no tuvo mejor idea que anunciar: “Vamos a aprobar una ley para que se saque la publicidad de algunos medios mermeleros”. Y desde entonces la frase figura forzosamente en cualquier semblanza que se haga de él.

Conocida como la ley Mulder, la singular iniciativa fue, como se sabe, efectivamente propuesta y aprobada por una mayoría compuesta esencialmente por legisladores fujimoristas y apristas. Pero luego el Tribunal Constitucional se encargó de declararla inconstitucional.

Lo que el trasiego de chats internos de la bancada de FP sugiere ahora, sin embargo, es que los argumentos que desplegaron en ese entonces desde la propia Keiko Fujimori hasta congresistas como Héctor Becerril o la ya mencionada Milagros Salazar a favor de esa ley no fueron más que pretextos para camuflar su verdadero objetivo: no se trataba, en efecto, de un esfuerzo por introducir criterios de austeridad en la asignación de la publicidad estatal, sino de golpear a la prensa que los criticaba y exponía sus miasmas.

Llama la atención, de cualquier forma, esta incapacidad del fujimorismo para el discernimiento fino en lo que concierne a los medios. Para ellos, todo en ese mundo es “mermelada”. Y, en esa medida, cabe preguntarse si no se tratara quizás de un problema de visibilidad ocasionado por los trazos de la confitura en cuestión que puede haber en el ojo de quien observa y califica. Recordemos que, después de todo, fue durante el gobierno de Alberto Fujimori y bajo la batuta de Vladimiro Montesinos que se creó la versión más acabada de la prensa comprada en el Perú: los llamados ‘diarios chicha’.

Tales diarios, como es de dominio público, no fueron otra cosa que tarros vacíos a la espera de “mermelada” y dedicados únicamente a ensalzar al gobierno y enlodar a sus opositores. Un episodio traumático con el que los herederos de esa opción política tienen que lidiar continuamente en su afán de convencer a la ciudadanía de que ya no creen en golpes y han abrazado de manera cabal la democracia.

Un empeño en el que, por el momento y a raíz de lo que revelan los chats aquí comentados, no lucen particularmente exitosos.

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