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Editorial: Si no vas a ayudar…

La administración del alcalde Castañeda tiene que facilitar la transición de mando.

Editorial

Jorge Muñoz y Luis Castañeda Lossio

El alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, en una conferencia de prensa junto a su sucesor, Jorge Muñoz, el pasado 10 de octubre. (Foto: Renzo Salazar/El Comercio).

Foto: Renzo Salazar/El Comercio.

Cuando ocurre un cambio de gobierno, sea este a nivel nacional o subnacional, lo ideal es que la transición entre la administración que sale y la que entra se lleve a cabo de la manera más eficiente y transparente posible. De esta forma, la nueva gestión puede conocer a cabalidad lo que está recibiendo, y hacer un diagnóstico de las medidas y políticas que han funcionado y deben continuar, las que requieren mejoras, y las que se deben dejar de lado. Con esta información en mano, el gobierno entrante podrá comenzar sus labores con mayor premura.

La actual administración de la Municipalidad Metropolitana de Lima (MML), liderada por el alcalde Luis Castañeda, sin embargo, parece determinada a lograr un desenlace opuesto al descrito arriba con el alcalde entrante, Jorge Muñoz. No son pocos los problemas de la MML sobre los que el alcalde de Solidaridad Nacional y su equipo han sido poco claros: los contratos firmados con proveedores de servicios públicos, arbitrajes vencidos, deudas acumuladas, etc.

De hecho, según informó Muñoz, el MEF estima que la deuda que acumula la MML es superior al total de su presupuesto durante el 2019. Con ello, el pasivo excede la regla fiscal del saldo de deuda total, regla que busca alertar ante el riesgo de sobreendeudamiento o exceso de gasto en los gobiernos regionales y municipales. El municipio “está en rojo, no está en azul”, dijo el alcalde electo. Agregó que le preocupa “todo lo que vamos viendo que nos van a dejar”.

La situación financiera, por supuesto, limita significativamente el rango de acción de la administración entrante. Pero los problemas no son solo financieros: la regulación alrededor del ordenamiento del transporte público, el contrato con el Metropolitano y el alza del pasaje –esto último temporalmente suspendido por una medida cautelar–, los peajes, la falta de una estrategia de largo plazo de combate a la delincuencia, entre varios otros asuntos, son parte del pasivo que hereda la administración de Acción Popular al frente de la capital.

Más aún cuando, si bien el martes comenzó formalmente el proceso de transferencia entre las gestiones, inicialmente los funcionarios actuales de la MML se mostraron reacios a compartir data sobre la situación actual del municipio. Según Muñoz, el propio alcalde Castañeda le indicó en un momento a su equipo edilicio que no les abran las puertas antes de que se cumpla el plazo legal… un formalismo que no impediría que las administraciones entrante y saliente vayan trabajando juntas por voluntad política, de modo que –llegado el momento de tomar el mando– el plan de acción esté ya delineado y listo para ejecutar.

¿Qué motiva este recelo? Los actuales funcionarios municipales, y el propio alcalde, nunca se han destacado por ser comunicativos (de ahí el famoso apelativo del burgomaestre), pero limitar información incluso a los funcionarios entrantes y acusarlos de “usurpación de funciones” –como hizo la semana pasada el regidor de Solidaridad Nacional, Wilder Ruiz– es un exceso.

Es cierto también que, a pesar de la situación complicada que hereda, no debería haber excusas del alcalde entrante para no buscar soluciones a los problemas que enfrenta la MML. Cualquier labor, sin embargo, necesita un correcto diagnóstico previo del contexto, y expectativas y objetivos adecuados a la circunstancia y limitaciones. Si la administración saliente no les pudo dejar una ciudad ya encaminada hacia la modernidad y desarrollo, cuando menos tendrá que hacer el mayor esfuerzo posible para que la administración entrante lo logre.

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