A lo largo de sus años al frente del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), las presentaciones oficiales de Julio Velarde en el Congreso de la República forman ya parte de una particular tradición nacional. Usualmente, esta rutina consiste en una intervención inicial de Velarde con datos y cifras de la economía nacional, seguida de diversas preguntas que poco o nada tienen que ver con el rol del BCR, y se cierra con respuestas pacientes del jefe del ente emisor.
A lo largo de sus años al frente del Banco Central de Reserva del Perú (BCR), las presentaciones oficiales de Julio Velarde en el Congreso de la República forman ya parte de una particular tradición nacional. Usualmente, esta rutina consiste en una intervención inicial de Velarde con datos y cifras de la economía nacional, seguida de diversas preguntas que poco o nada tienen que ver con el rol del BCR, y se cierra con respuestas pacientes del jefe del ente emisor.
Esta semana, su aparición al frente de la Comisión Bicameral de Presupuesto y Cuenta General de la República no fue muy distinta. Senadores de bancadas más cercanas a la izquierda política criticaron, por ejemplo, que las cifras macroeconómicas no se traducían en mejoras en la calidad de vida para la población. También se hizo alusión a la problemática del empleo, entre varios otros asuntos de interés nacional que no guardan mayor relación con la función del BCR. Como se sabe, este último tiene un mandato único: preservar la estabilidad monetaria, lo que principalmente se traduce en mantener la inflación a raya. En esa métrica, la más importante para cualquier banco central, el BCR ha tenido un desempeño sobresaliente en Latinoamérica durante las últimas dos décadas.
No obstante, cuestionado directamente por diversos asuntos, Velarde fue más allá de la política monetaria tradicional. Refirió, por ejemplo, que la calidad de la salud, de la educación, y del servicio civil no se condecía con los niveles promedio de riqueza de los habitantes en el Perú. “Han sido un desastre las políticas de salud y educación en los últimos años”, mencionó.
Este llamado de atención no es nuevo, pero sí debería refrescar la memoria a los parlamentarios sobre por qué están ahí. Junto con el Ejecutivo, su institución comparte una enorme responsabilidad en la erosión de los principales servicios públicos del país. Grupos de interés capturan la agenda de cada sector social y dejan así de lado que en realidad son los pacientes, los estudiantes y el funcionamiento del Estado las prioridades de las políticas educativas, de salud y del servicio civil, respectivamente.
La política macroeconómica del Perú no es perfecta, pero de ninguna manera es el principal problema. Si los parlamentarios pusieran igual entusiasmo en supervisar y legislar sobre salud o educación que el que ponen en plantear preguntas sobre estos temas a quien no corresponde, el país estaría en otra posición.