La confianza en las autoridades electorales es fundamental para el proceso democrático. En particular, más allá de eventuales omisiones menores, el profesionalismo e imparcialidad del JNE y de la ONPE deben estar más allá de toda duda. Aun así, los partidos en contienda disponen de una herramienta adicional para garantizar que los votos marcados a su favor se registren apropiadamente: la presencia de personeros. Pero nadie parece tomárselo muy en serio. Según informó ayer este Diario, faltando apenas dos semanas para los comicios, ninguno de los 37 partidos ha acreditado a sus personeros.
Esta no es cualquier omisión. El proceso electoral del 2021 –especialmente durante la segunda vuelta– se vio marcado por acusaciones de fraude y sospechas de manipulaciones de actas (imputaciones que, vale aclarar, nunca se pudieron demostrar). Si bien la responsabilidad principal de preservar el sentido de la voluntad popular corresponde a las autoridades electorales mencionadas, los partidos más curtidos saben de sobra que –cuando los márgenes son estrechos– el rol de los personeros puede ser clave para incidir en el resultado. Que no se le haya dado prioridad después de los comicios sumamente ajustados de la última década es sorprendente. El JNE está exhortando a los partidos a apurarse y el tiempo ya es corto.
Es imposible saberlo aún, pero las últimas encuestas sugieren que el pase a segunda vuelta podría definirse por muy pocos votos. Las cámaras de Senadores y Diputados también están en juego, y aquí es posible que los márgenes sean aún menores. La cantidad de partidos en contienda no solo hace más probable que el voto se atomice –y por lo tanto que cada voto extra cuente más–, sino que hace más difícil la labor para los miembros de mesa, con mayor probabilidad de error. Por eso, el trabajo que pueden hacer los personeros es más importante ahora que comicios pasados. Resguardar la apariencia de legalidad del proceso es además tan importante como tener un conteo limpio.
La mayoría de las organizaciones políticas –se sabe– dejan esto para el final. Sea por improvisación generalizada o por estrategia, la verdad es que incluso los partidos con más recursos tendrán enormes problemas para cubrir correctamente las más de 92.000 mesas de sufragio. Vale recordar siempre que el voto que no puedan proteger no es realmente de ellos; es de los ciudadanos depositando su confianza en su logo.