(FOTOS: GEC)
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Editorial El Comercio

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Hoy, luego de semanas de serias tensiones entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo, el presidente Martín Vizcarra y el titular del Congreso, Manuel Merino, tendrán una reunión. Según explicó el mandatario, el fin del encuentro será “establecer una agenda común y dejar de lado esos inconvenientes que hubo de carácter político”. A saber: la moción de vacancia que se presentó en su contra, motivada por una serie de audios en relación con el señor Richard Cisneros y que lo llevó a comparecer ante el pleno junto con su abogado el pasado 18 de setiembre.

Como se recuerda, el trance en cuestión no logró los votos suficientes para defenestrar al jefe del Estado, pero el proceso trajo consigo momentos en los que ambas autoridades entraron en conflicto directo. El señor Merino, por ejemplo, ensayó un imprudente acercamiento a las Fuerzas Armadas a propósito del mecanismo constitucional que el Parlamento había decidido gatillar. Aunque aseguró que solo quiso transmitirles tranquilidad, el gesto sugería que ya pensaba en ejecutar la remoción del actual gobernante.


En tanto, el presidente acusó una conspiración del titular del Congreso –con Gabinete ‘tercerizado’ de por medio– para removerlo del cargo. Un subterfugio con el que logró evitar dar explicaciones sobre el escándalo que protagonizó junto con Karem Roca y Mirian Morales, revelado por las grabaciones. Incluso el primer ministro Walter Martos, en respuesta, llegó a posar en una conferencia de prensa flanqueado por los altos mandos militares. Una imagen tan lamentable como la dibujada por las acciones de quien preside la Mesa Directiva.

En suma, un choque entre autoridades que, en medio de la crisis económica y sanitaria más grave del último siglo, se saboreó como una escaramuza vergonzosa, aunque con graves consecuencias potenciales. Una circunstancia que la reunión de hoy debería despejar para que tanto el Parlamento como el Gobierno se enfoquen en aquello para lo que fueron elegidos.

Sin duda, lo principal tiene que ver con combatir la pandemia del COVID-19. Aunque las acciones concretas que se pueden tomar para paliar este problema son responsabilidad del Ejecutivo, concierne a ambos poderes del Estado resguardar la pertinencia de algunas de las medidas que se implementan para combatir sus efectos. En ese sentido, la reflexión que hagan Vizcarra y Merino debe tomar en cuenta el populismo que se viene practicando desde sus jurisdicciones. Aunque en esa materia el Legislativo parece llevarse el premio, la actual administración de Palacio no se ha quedado atrás con ciertas propuestas, como el “impuesto solidario”.

Asimismo, el acuerdo al que lleguen el presidente y el titular del Congreso debe garantizar que se harán todos los esfuerzos posibles para evitar nuevos conflictos. Choques como el de la vacancia frustrada debilitan los cimientos institucionales del país y prometen hacer más compleja la reactivación de nuestra economía. En parte, el crecimiento de los últimos años ha tenido que ver con la relativa estabilidad democrática que ha vivido el Perú los últimos 25 años y que recién se ha visto amenazada en el último lustro por las desavenencias entre el Gobierno y el Parlamento. Con las próximas elecciones a la vuelta de la esquina, atizar nuevas crisis sería absurdo.


Sin embargo, sea a lo que se llegue en el encuentro de hoy, lo más importante será que no se quede en una fotografía protocolar, como suele ocurrir con interacciones como esta. El país, además de ver a sus autoridades trabajando juntas, necesita que estas dejen de ser parte del problema y que, por lo menos, hagan el esfuerzo por ser parte de la solución. Así, un cese del fuego es lo mínimo que nos pueden dar.