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Editorial 1: Aguijoneo gratuito

"Lo último que hace falta es que un poder del Estado hinque a otro sin que exista una aparente razón para ello".

Editorial

Martín Vizcarra

"En lugar de dejar que la comisión concernida haga su trabajo [...] los representantes del Ejecutivo optan por un aguijoneo tan inconducente como gratuito".

Presidencia de la República

En medio de la crispación que rodea la discusión y eventual aprobación parlamentaria de los proyectos de reforma política planteados por el Gobierno, lo último que hace falta es que un poder del Estado hinque a otro sin que exista una aparente razón para ello, como no sea la de recordar lo apremiado que lo tiene. Esa, sin embargo, es la actitud que de un tiempo a esta parte adopta intermitentemente el Ejecutivo hacia el Congreso a propósito de la materia señalada.

A las poco veladas amenazas de disolución por la vía de una reinterpretación de la confianza otorgada hace más de un mes al Gabinete Del Solar (una figura que, según muchos especialistas, no luce constitucionalmente viable), distintos voceros de la actual administración han sumado de manera ocasional pullas sobre la opinable laboriosidad de la representación nacional.

La más reciente de ellas ha sido una declaración del propio presidente Martín Vizcarra difundida el domingo por la noche. “No estoy contento con los resultados que está mostrando [la Comisión de Constitución], pero parece que esa fuera la forma de trabajar del Congreso, que avanza lento y, cuando está por vencerse el plazo, acelera su discusión”, sentenció el mandatario.

Y, como es lógico, no tardó en recibir una respuesta de la titular de la comisión aludida. “El Parlamento en general ni ningún poder está para contentar a otros (sic)”, retrucó la legisladora Rosa Bartra poniendo de relieve el toque de antojo personal que el comentario del jefe del Estado sugería.

¿El resultado? Una mayor indisposición de parte del Legislativo para llegar a fórmulas aceptables para todas las partes involucradas en el debate e impulso a las ya referidas reformas. En lugar de dejar que la comisión concernida haga su trabajo y permanecer atento a los contenidos de lo aprobado por si hubiera alguna observación que hacer, los representantes del Ejecutivo optan por un aguijoneo tan inconducente como gratuito que, de continuar, podría tomarse por provocación.

Un poco de control a ese respecto no les vendría mal.

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