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Editorial: El fastidio del plan

Presentar un programa de gobierno municipal con plagios no solo revela falta de honestidad intelectual.

Editorial

Renzo Reggiardo

Según explicó el candidato Renzo Reggiardo a El Comercio, los extractos que se hallan en su plan de gobierno y que son idénticos a otros documentos no constituyen plagios, sino una “omisión”. (Foto: Archivo).

Una revisión de los planes de gobierno de todos los candidatos a la Alcaldía Provincial de Lima realizada por este Diario con el programa Turn It In, que permite identificar la información de un texto que coincide con otras fuentes sin citarlas, estableció días atrás que en el documento presentado bajo ese nombre por la organización Perú Patria Segura (PPS), que postula a Renzo Reggiardo, más del 50% del contenido se ajusta a esa descripción.

La noticia, por supuesto, le ha generado un problema a la referida organización y a su candidato, pues el nombre técnico de la operación que supone tomar información de un texto ajeno sin consignar la fuente es ‘plagio’.

Las respuestas que han ensayado hasta ahora el candidato Reggiardo y los voceros de su partido a este Diario son, a decir verdad, bastante insatisfactorias, ya que no levantan el cargo del que el mencionado plan ha sido objeto. Marco Aurelio Linares, quien sostiene que es el jefe del plan de gobierno de PPS, ha argumentado que todo se debió a un error de “edición” por “no haber hecho seguimiento” a la versión final. Aunque admite que en “la gran mayoría o casi todo” el texto no hay referencias, asegura que “es un tema de edición lamentable”. Y ha tratado de quitarle gravedad al tema explicando que el documento no es “una tesis ni una publicación de un libro. Es un plan, donde tú recoges información diversa”.

“Nosotros no hemos copiado la propuesta de nadie”, ha dicho por su parte el señor Reggiardo. Para luego agregar: “Si no se ha citado la fuente, ahí ha habido tal vez alguna omisión, a veces involuntaria”. Pues bien, esa, como decíamos, es precisamente la definición de plagio. La naturaleza involuntaria o deliberada de las ‘omisiones’ es, en última instancia, imposible de demostrar; y, en cualquier caso, la circunstancia de que estas hayan constituido un patrón a lo largo de todo el documento apunta, más bien, a lo segundo.

Por otra parte, tampoco el hecho, mencionado asimismo por el candidato de PPS, de que la información copiada provenga de documentos públicos y corresponda a diagnósticos antes que a propuestas propiamente dichas, representa un atenuante. En realidad, la más relevante de sus afirmaciones a propósito del programa en entredicho es probablemente aquella con la que se refirió a la parte relacionada a las publicaciones de urbanismo: “La verdad es que no lo he visto”.

Es inverosímil, en efecto, que un postulante con aspiraciones tan serias como las suyas (no olvidemos que va adelante en las encuestas con un 16% de la intención de voto, según la última encuesta de Ipsos para El Comercio) vea que su plan de gobierno contiene plagios y aun así lo presente, sabiendo los riesgos que eso entraña para su candidatura y su prestigio en general. La posibilidad de que no haya visto el documento en cuestión, sin embargo, constituye un problema tanto o más grave que el anterior, pues revela la importancia que le concede.

Hace casi tres años, cuando una situación parecida se presentó con relación al plan de gobierno del Apra para las elecciones del 2016, dijimos en esta página que, en el mundo ideal del que los postulantes a posiciones de gobierno quieren persuadirnos, el afán de poder no tiene que ver con el poder mismo, sino con la posibilidad de sacar adelante una visión y unos proyectos para el país (o para la ciudad, en este caso). Y que si de pronto descubrimos que esa visión ha sido fraguada de un modo desmañado, “tijereteando lo que otros han dicho antes y pegándolo en el plan de gobierno sin siquiera colocar las comillas de rigor”, no quedaba sino asumir que la elaboración de ese programa era entendida “como un trámite antipático” para acceder a lo que realmente importa (esto es, el poder).

Y hoy, nos parece, corresponde reiterar lo dicho. La nítida sensación que deja el hecho de que un plagio tan sostenido y prominente haya pasado desapercibido por quienes supuestamente se lo proponen a los limeños para que estos les concedan su voto es la de que semejante programa es entendido en el fondo como un fastidio. Como un requisito enojoso al que hay que darle trámite de la manera más expeditiva posible para poder concentrarse en lo que de veras interesa.

¿Describe este cuadro el trance actual del señor Reggiardo a propósito de Lima? Ojalá que no. Pero para convencernos, el candidato de PPS va a tener que argumentar de manera más consistente que hasta ahora.

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