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Editorial: No solo una falta de Tucto

Las indulgencias de un congresista del Frente Amplio hacia el terrorismo comprometen, en el fondo, a toda la bancada.

Editorial

Rogelio Tucto

El congresista Rogelio Tucto ha propuesto esta semana es indultar a Abimael Guzmán. (Foto: El Comercio)

El congresista por Huánuco del Frente Amplio, Rogelio Tucto, acaba de reabrir una vieja herida de la izquierda peruana: la de su actitud indulgente hacia el terrorismo de Sendero Luminoso y el MRTA. En concreto, lo que el legislador ha propuesto esta semana es indultar a Abimael Guzmán, entre otros ‘actores del conflicto armado’ que vivió el país durante las décadas de los ochentas y noventas, para alcanzar “una verdadera reconciliación”.

Previsiblemente, varios de sus compañeros de bancada han salido de inmediato a tratar de tomar distancia de lo que esa propuesta entraña. “Las declaraciones del congresista Tucto son de su responsabilidad personal y no responden a la posición programática derechohumanista (sic) del Frente Amplio”, se apresuró a escribir en su cuenta de Twitter Marco Arana. Y algo similar han intentado hacer los parlamentarios Jorge Castro y Hernando Cevallos a través de los medios.

Semejante ‘deslinde’, sin embargo, enfrenta algunos inconvenientes para ser considerado verosímil y suficiente.

Como se sabe, la lucha armada y la ‘violencia revolucionaria’ formaban parte del catecismo doctrinario de prácticamente todos los partidos marxistas que surgieron en la segunda mitad del siglo pasado y, en esa medida, cuando las referidas organizaciones terroristas iniciaron su acción asesina, más de 30 años atrás, los líderes de esos partidos no quisieron o no supieron condenar tajantemente a esos ‘primos’ ideológicos suyos: una circunstancia respecto de la cual han ensayado desde entonces diversas autocríticas.

A los movimientos de izquierda surgidos con posterioridad a ese trance histórico, en cambio, les ha resultado más fácil sostener que ellos nada tienen que ver con esa visión homicida y totalitaria de la lucha por el poder… Pero ocurre que, cada cierto tiempo, algunos de sus representantes incurren en gestos o pronunciamientos que revelan que son tan contemporizadores con el terrorismo como los antiguos ‘dinosaurios’ de la izquierda nacional.

Solo para no salir del ámbito del Frente Amplio (FA), recordemos, por ejemplo, las declaraciones en las que, hace un año, el congresista Justiniano Apaza sostuvo que ciertos miembros del MRTA podían ser considerados “presos políticos”. O aquellas otras en las que, a propósito de las senderistas Martha Huatay y Maritza Garrido Lecca (que estaban próximas a cumplir sus condenas), dijo: “Si quieren participar políticamente que lo hagan, pero de acuerdo a las leyes que tiene el país”.

Fue en abril del año pasado también que el FA difundió en las redes un video sobre los “verdaderos héroes de la democracia”, en el que se incluía una fotografía del entierro de la terrorista Edith Lagos. En aquella ocasión, Marco Arana clamó que se había tratado de “un gravísimo error” y se anunciaron investigaciones para dar con los autores del ‘desliz’, sin que hasta hoy conozcamos el resultado de las mismas.

Cabe recordar también un comunicado del llamado Comité Pro libertad Víctor Polay, publicado en setiembre del 2008 y firmado en su momento por la hoy legisladora del FA María Elena Foronda. En él, amén de llamar ‘guerrillero’ al cabecilla del MRTA, se consideraba su sentencia a 35 años de cárcel “arbitraria e injusta” y su reclusión en la base naval del Callao, “una venganza política”.

Como se ve, la reciente actitud de indulgencia del congresista Tucto hacia el terrorismo no es, entonces, un problema de mal gusto o un fenómeno aislado en el FA. Se trata, más bien, de la reiteración de un síntoma crónico en más de un miembro de esa bancada; y en consecuencia, la compromete en su integridad.

No puede el resto de los legisladores que la conforman desentenderse del asunto diciendo simplemente que ‘no comparten’ la opinión de su colega, como han procurado hasta ahora, porque aquí estamos ante un parteaguas entre quienes creen en la democracia y quienes no desdeñan la violencia y la muerte como forma de acceder al poder.

A decir verdad, el único ‘deslinde’ convincente y suficiente en este caso habría sido la separación de aquellos que mantienen todavía algún grado de sintonía con la barbarie que ensangrentó al país en el pasado reciente. Pero la bancada del FA, tan expeditiva para enfrentar otros problemas internos, no ha sabido o no ha querido esta vez reaccionar a tiempo y deberá por lo tanto enfrentar el juicio de la ciudadanía por ello.

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