Explicaciones pendientes

Si la presidenta quiere que la prensa deje de cuestionar su situación patrimonial, lo único que puede hacer es explicarla.

    Editorial El Comercio
    Por

    de El Comercio

    / Ricardo Cuba

    A estas alturas, debería ser bastante claro que la percepción de corrupción –sea justa o injusta– es una mancha indeleble sobre el político nacional que la cargue. Esta corroe su capacidad de influencia, su poder, y termina por envolver al maculado personaje en una tormenta de acusaciones, destapes noticiosos y eventuales visitas al Ministerio Público. La atención que deberían poner sobre sus funciones políticas se desvía más bien hacia la defensa personal y todo lo que sea necesario para evitar la eventual caída en desgracia.

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