Módulos Temas Día
Módulos Tomas de Canal

Editorial: Silla nueva

César Villanueva concluye una etapa a la cabeza del Consejo de Ministros signada por la medianía.

Editorial

César Villanueva y Martín Vizcarra

El presidente Martín Vizcarra y el primer ministro César Villanueva en una ceremonia, el pasado 10 de setiembre del 2018. (Foto: Alonso Chero).

Foto: Alonso Chero

Ayer, el presidente del Consejo de Ministros (PCM), César Villanueva, presentó su carta de renuncia al cargo que venía ocupando desde el pasado 2 de abril, cuando juró como líder del equipo ministerial de un gobierno que no llevaba ni 15 días en el poder, el de Martín Vizcarra.

Sumariamente, podríamos decir que su gestión no estuvo ni marcada por escándalos o errores clamorosos, pero tampoco por impulsar grandes transformaciones. En realidad, fue bastante anodina.

Como se recuerda, su sola designación levantó cierta polvareda, habida cuenta de que el propio Villanueva había sido el congresista que presentó la segunda moción para vacar a Pedro Pablo Kuczynski –al poco tiempo de que este consiguiera sortear, a duras penas, una primera–, y que durante días defendió adamantinamente la pertinencia de la vacancia en todos los medios de comunicación. Más aun porque, como hicieron notar varias voces en ese momento, el propio Villanueva había señalado reiteradas veces que no aceptaría un hipotético puesto de primer ministro para que no se creyese que su liderazgo en la salida de Kuczynski tenía que ver con intereses soterrados.

Al final, sin embargo, el ex gobernador regional de San Martín terminó por asumir el puesto que había asegurado no asumiría. Y junto a este, además, la responsabilidad de darle equilibrio a un Ejecutivo que, en poco tiempo, tenía que atajar la crisis política, restablecer los lazos con el Congreso y emprender las reformas para sacar al país de la parálisis.

Desde el inicio, no obstante, el gobierno de Vizcarra y Villanueva parecía haber dejado en claro cuál sería su estilo durante los próximos años: el de un Estado que, ante el mínimo roce con la ciudadanía, prefería hacer concesiones, así ello implicara desdecirse de sus propias decisiones. Así ocurrió, por ejemplo, con la “corrección” al alza de la tarifa del agua en Moquegua –que había sido decretada por la Sunass–, la desautorización al entonces ministro de Economía, David Tuesta, sobre modificaciones al Impuesto a la Renta (IR) o los retrocesos en la aplicación del Impuesto Selectivo al Consumo (ISC) una vez que estos empezaron a levantar ruido entre la ciudadanía. Y los ejemplos no se agotan ahí.

El 28 de julio, sin embargo, el mensaje a la nación del presidente Vizcarra quebró por completo el paso acompasado que este parecía practicar con su primer ministro. Así, mientras a partir de esa fecha la figura del jefe del Estado se fue robusteciendo y obteniendo mayor respaldo en las encuestas, la de Villanueva pareció quedarse no solamente congelada, sino también reducida a la de quien ejerce un rol meramente protocolar. Quizá ello explique por qué en la encuesta de Ipsos-El Comercio de diciembre, la aprobación de Vizcarra (66%) más que duplicaba la de Villanueva (30%).

También es cierto que su paso por la PCM estuvo lleno de situaciones que uno podría considerar anecdóticas, pero que traslucían algunas deficiencias de coordinación, como los mensajes contradictorios sobre la urgencia de la reforma laboral, que Villanueva parecía querer tratar de manera clara, pero al que su ministro de Trabajo, Christian Sánchez, trataba de restarle importancia. O los ‘impasses’ que tuvo con la bancada de Peruanos por el Kambio, de la que llegó a decir: “Nosotros somos un gobierno que ni bancada tenemos”.

En fin, ahora que se ha anunciado un recambio de sillas en el Gabinete, no solo con Villanueva, sino también con otros ministros, quizás sea un buen momento para reflexionar sobre algunos puntos. Entre ellos, la posibilidad de que el gobierno que ha enarbolado la bandera de la igualdad de género (defendiendo, por ejemplo, su inclusión en el currículo escolar) pueda convocar a más ministras, la necesidad de restaurar los vasos comunicantes con el Legislativo, que hoy parecen lesionados, o la oportunidad de constituir un grupo que tome el liderazgo de las reformas que el país requiere. Ya que, si bien hasta ahora esta última tarea ha recaído en el mandatario, es poco creíble que pueda llegar lejos sin un buen equipo detrás.

Leer comentarios ()

SubirIr aúltimas noticiasIr a Somos

Mantente siempre informado y disfruta de cientos de beneficios exclusivos del CLUB EL COMERCIO

¡SÉ PARTE DEL CLUB EL COMERCIO!

SUSCRÍBETE AQUÍ
Ir a portada