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Editorial: Paso en falso

Por no responder a una simple pregunta con transparencia, el presidente Vizcarra ha dado pie a un problema político.

Editorial

Martín Vizcarra

El presidente Martín Vizcarra responde preguntas de la prensa desde San Juan de Lurigancho, a donde llegó para visitar las zonas anegadas, el pasado lunes 14 de enero. (Foto: Sepres).

Foto: Sepres.

Un reportaje propalado el domingo pasado en el programa “Panorama” ha provocado una bola de nieve política que persigue al presidente Martín Vizcarra y que, a pesar de la aparente invulnerabilidad que le presta su alta aprobación ciudadana, podría terminar afectándolo. Si tal cosa ocurre, sin embargo, el conflicto resultante no será solo responsabilidad de los adversarios del gobierno, sino también del mandatario mismo, pues es indudable que, con su poca claridad para responder a una simple pregunta, él ha contribuido a agravar el problema en estos días.

Interrogado en una conferencia de prensa sobre si la empresa CyM Vizcarra, de la que hasta hace poco era propietario en sociedad con su hermano, “fue proveedora para Odebrecht en la Interocéanica”, el mandatario respondió: “No, en absoluto, en absoluto; es falsa esa información”.

Según se ha sabido después, no obstante, la naturaleza tajante de esa negativa terminó por abrir paso a una serie de interrogantes adicionales. Entre los años 2006 y 2008, CyM Vizcarra fue en algunas oportunidades proveedora del consorcio Conirsa, integrado de manera preponderante por la referida empresa brasileña y encargada de la construcción de los tramos II y III de la Interoceánica.

En rigor, pues, la contestación tendría que haber sido esa, pero el jefe de Estado, llevado por una aparente voluntad de mantener la mala reputación de la constructora en cuestión lo más alejada de sí, prefirió moverse en la ambigüedad para refugiarse luego en el tecnicismo de que no es lo mismo ser proveedor de una empresa que de un consorcio que esa empresa integra cuando alguien le enrostrase lo equívoco de su testimonio original.

Confrontado por la prensa con los datos escamoteados en su primera declaración, efectivamente, el presidente Vizcarra ha sostenido a lo largo de esta semana que, a una pregunta concreta, él dio una respuesta concreta. Y ha puntualizado también que “en ese tiempo no se sabía quiénes eran los que integraban el consorcio [Conirsa]”, lo que solo agrega inverosimilitud a lo elusivo. ¿Realmente pretende persuadir a la opinión pública de que en ese entonces no sabía cuál era el socio principal del consorcio con el que su empresa estaba contratando?

Ante el intento de sus adversarios políticos de capitalizar ese paso en falso suyo –Alan García ha aseverado que “el presidente Vizcarra ha mentido al país” y diversos congresistas fujimoristas han llamado la atención sobre la contradicción que entraña la falta de transparencia constatada en quien se postula como el gran luchador contra la corrupción–, el mandatario ha reaccionado, además, con torpeza peligrosa. “Que algún político cuestione nuestro accionar nos tiene sin cuidado, porque nosotros tenemos la solidez de un trabajo correcto y honesto […]. Y eso le consta al pueblo. Y por eso el pueblo apoya y respalda”, ha sentenciado… Una enésima versión de la dicotomía maniquea entre el ‘pueblo’ y el virtuoso líder no-político por un lado, y los ‘políticos’ matreros por el otro, de la que tantos caudillos antidemocráticos se han valido en la historia.

Lo más absurdo de todo es que el servicio prestado a Conirsa no tiene visos de haber involucrado acción delictiva alguna. Pero ahora ya la bola de nieve ha crecido demasiado como para atajarla con una explicación sencilla. ¿Por qué no fue totalmente claro el presidente? Eso es lo que legítimamente puede preguntarse cualquier ciudadano y cualquier político frente a lo ocurrido. Y, bajo esa lógica, la Comisión de Fiscalización del Congreso ha aprobado investigar esa y todas las otras contrataciones que realizó Conirsa en su momento.

Es de esperar, por cierto, que este grupo de trabajo parlamentario proceda con seriedad y no se dedique, como tantos otros en el pasado, a buscar simplemente datos que presentados de manera altisonante sirvan para poner al político que les disgusta contra las cuerdas. Pero cualquiera que sea el escenario de confrontación al que esta situación pudiera llevarnos, no debemos ignorar que el principal promotor del eventual desaguisado ha sido el presidente.

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