Chinchosos en capilla, por Farinata
Chinchosos en capilla, por Farinata

Y hasta que por fin la primera dama se animó a declarar sobre y , los dos viejos colaboradores de las campañas del nacionalismo que luego obtuvieron contratos con el Estado para firmas a las que representaban. Es verdad que ya antes el presidente había hablado al respecto pero, como es obvio, la seriedad del tema reclamaba un pronunciamiento oficial.
En ese sentido, la señora ha admitido, en primer lugar, que ella y su esposo asistieron en el 2012 a un brindis en casa de Rivera Ydrogo, pero restándole gravedad a la reunión. “Fuimos un rato y nos quitamos”, ha sentenciado ella, sugiriendo claramente que en realidad tenían otro tono.
También ha deslizado que las 33 visitas que ese mismo caballero hizo a en dos años –es decir, a razón de 1,37 visitas al mes– fueron para decirles a los funcionarios que lo recibieron: “Oye, ¿cómo estás? ¿Qué es de tu vida?”. Es decir, un gran despliegue de interés por el prójimo y nada más.
Lo más importante de todo, sin embargo, ha sido su clamor por el hecho de que personas a las que ella trató cercanamente aparecieran de pronto utilizando su nombre para sus negocios. Esa circunstancia –ha revelado– la tiene “un poco fastidiada”. Con lo cual podemos estar seguros de que esos chinchosos la van a pagar.