Jaque Pastor, por Farinata
Jaque Pastor, por Farinata
Redacción EC

Que los chotease Alan con su ego colosal era inevitable. Que los chotease Keiko, que después de todo hace siempre lo mismo que Alan aunque algunos días más tarde, previsible. Pero que los chotease el, que a pesar de ser protestante encarna la contemplación budista en la política nacional, era una humillación que no habían calculado ni los más afiebrados analistas. Y sin embargo, eso es exactamente lo que les ocurrió a los representantes del gobierno este lunes, con ocasión del diálogo “con las fuerzas vivas del país” al que convocaron en Palacio.

La zozobra producida por la ausencia de se leía en el rostro desencajado de la señora Jara, en la perorata sin norte del presidente y en la angustia con la que la primera dama se mesaba los cabellos, soñando quizá con una solución capilar para el aprieto. Pero ¿cómo descalificar la protesta expresada por la silla vacía? ¿Llamarla “ruido electorero”? ¿Encargarle al matón del ciberespacio un tuit en el que trate al invitado omiso de “pastorcito corto de fe” o “dios de la ética”? ¿Mandarlo reglar para ver si ora a sus horas? Nada de eso podía funcionar... Y entonces anunciaron el cierre de la DINI, renunciaron a de la asesoría jurídica al presidente y sabe Dios qué más vendrá. Porque estas crisis no suelen detenerse con la caída de un par de peones.