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El dinero viejo de Silicon Valley, por Margaret O’Mara

“Un éxito es a menudo todo lo que necesitas para entrar en el círculo encantado del Valle”.

Margaret O’Mara Profesora de Historia en la Universidad de Washington

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“Las nuevas compañías tienen una opción: mantener el círculo encantado y pequeño, o cambiar realmente el mundo”. (Fuente: HBO).

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Una gran cantidad de empresas de tecnología, como la plataforma de viaje compartido Lyft, están entrando en los mercados de valores. Uber, el principal competidor de Lyft, junto con Pinterest y Slack, quizá lo harán este año y posiblemente Airbnb en el 2020. Todas estas nuevas empresas se presentan como salidas disruptivas de las antiguas normas. Pero los vínculos estrechos con las generaciones tecnológicas anteriores son cruciales para explicar su éxito.

Lyft, por ejemplo, tiene importantes inversionistas y miembros del directorio que hicieron su fortuna en Google, PayPal, eBay, Netscape y AOL. A su vez, las firmas que respaldaron a estas empresas fueron fundadas por veteranos de la temprana industria de semiconductores.

Ese largo linaje adorna a casi todas las superestrellas de la tecnología, ya que aquellos enriquecidos por los auges tecnológicos anteriores eligen a los ganadores del próximo. Los inversionistas usualmente comienzan su carrera como ingenieros-empresarios, compartiendo la riqueza y la experiencia adquirida, y nutren a la próxima generación de start-ups.

Esto comenzó a mediados de la década de 1950, cuando William Shockley, un coinventor del transistor, se mudó a California para comenzar su compañía. Él, además de ser un ingeniero brillante, era un racista virulento y un jefe terrible, y los jóvenes que contrató se retiraron rápidamente. Los “ocho traidores” de Shockley formaron Fairchild Semiconductor en 1957.

En los 70, muchos viraron al capital de inversiones. Ejecutivos de Fairchild y Hewlett-Packard fundaron Kleiner Perkins y Sequoia Capital, empresas detrás de cuatro décadas de éxitos en Silicon Valley. Entre ellos, Apple.

Un éxito es a menudo todo lo que necesitas para entrar en el círculo encantado del valle. Marc Andreessen, por ejemplo, pasó de ser un estudiante a un multimillonario cuando su compañía, Netscape, cotizó en la bolsa. Aunque los días de gloria de Netscape duraron poco, Andreessen se convirtió en un inversionista de capital. Hoy, con una participación de más del 6% en Lyft, está a punto de cosechar otra ganancia.

Muchos de los que están detrás de PayPal, comprado por eBay en el 2002, han sido amigos universitarios. Uno de ellos, David Sacks, tiene inversiones en Uber, Lyft, Airbnb y Slack.

Los primeros empleados de Google y Facebook también se han convertido en inversionistas. El ex ‘googler’ Chris Sacca tiene una gran participación en Uber. Dave Morin, de Facebook, fue uno de los primeros inversionistas en Airbnb, Pinterest y Slack.

Estas conexiones son un ingrediente del éxito de Silicon Valley: la sabiduría de las generaciones anteriores guía a las nuevas. Pero estas relaciones crean puntos ciegos. Es difícil que se introduzcan nuevas ideas y nuevas personas. A pesar de algunos avances en el valle, casi no hay mujeres que lideren inversionistas.

Las empresas tecnológicas de hoy están en un momento crítico. Silicon Valley se enfrenta a una reacción violenta de los reguladores y los consumidores. La naturaleza de las conexiones en el campo de la tecnología no ha preparado bien a sus líderes para enfrentar este desafío.

Las nuevas compañías tienen una opción: mantener el círculo encantado y pequeño, o cambiar realmente el mundo.

© The New York Times
–Glosado y editado–

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