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¿Qué sigue para Venezuela?, por Anne O. Krueger

Venezuela requerirá ayuda humanitaria a gran escala: los hospitales deben ser reabastecidos, las escuelas reabiertas y la comida debe estar disponible para una población gravemente desnutrida”.

Anne O. Krueger Economista

Crisis económica en Venezuela

“Hasta la década de los 60, el PBI per cápita de Venezuela era el más alto de América Latina, alrededor del 80% del de Estados Unidos. Hoy en día, es inferior al 30%”. (Ilustración: Giovanni Tazza).

Ilustración: Giovanni Tazza.

El mundo ha sido testigo de muchas fuertes caídas económicas a lo largo de los años, pero Venezuela es seguramente una de las peores hasta la fecha. El país ha experimentado una pérdida del PBI real (ajustado a la inflación) mayor que la de la mayoría de los países asolados por el conflicto durante la Segunda Guerra Mundial, y se espera que su tasa de inflación alcance 10’000.000% este año. A una tasa bastante superior a 100 veces la del mercado negro, el tipo de cambio oficial se deprecia tan rápidamente que una cotización pierde sentido en el momento de su publicación.

En estas condiciones, los alimentos –el 90% de los cuales se debe importar– son tan escasos que se estima que el venezolano promedio ha perdido 10,9 kilos, y que tres millones de venezolanos (que representan alrededor del 10% de la población) han huido. Los cortes de energía, la escasez de agua y medicamentos, y la casi hambruna han sido características persistentes del reinado brutal e incompetente de Nicolás Maduro.

Hasta la década de los 60, el PBI per cápita de Venezuela era el más alto de América Latina, alrededor del 80% del de Estados Unidos. Hoy en día, es inferior al 30% y también muy por debajo de Chile, Brasil, México y Colombia. En comparación, en 1990, el PBI per cápita de Colombia era aproximadamente la mitad del de Venezuela.

Con las reservas de petróleo más grandes del mundo, Venezuela cuenta con los hidrocarburos para más del 90% de sus ingresos de exportación. Pero su producción de petróleo ha caído de un pico máximo de un aproximado de 3,5 millones de barriles por día a fines de la década los 90 a alrededor de 1,3 millones en el 2018, y se espera que la producción disminuya a 700.000 en los próximos dos años.

De hecho, incluso cuando el precio del petróleo ha estado subiendo, la producción del país ha disminuido debido a la falta de mantenimiento e inversión, el robo de material, el nombramiento de aliados militares inexpertos como gerentes y la emigración de los trabajadores petroleros que pueden ganar mucho más en otros lugares. Un trabajador petrolero en Petróleos de Venezuela S.A. (PDVSA), la compañía petrolera estatal, recientemente le dijo a “The Wall Street Journal” que gana alrededor de US$8,00 por mes, ajustado por paridad de poder adquisitivo.

La situación de Venezuela es en gran parte autoinfligida. A pesar del aumento de los precios del petróleo, el régimen chavista permitió que los déficits fiscales se incrementaran a 24% del PBI en el 2014. Y como los precios del petróleo todavía estaban cerca de su punto máximo ese año, esos déficits se financiaron imprimiendo dinero, lo que llevó a acelerar la inflación. Para empeorar las cosas, el gobierno ha impuesto controles de precios tan severos que los minoristas están obligados a vender sus productos con pérdidas.

Más allá de estos intentos torpes de regular la actividad económica, la represión cada vez más brutal del régimen contra la disidencia y la erosión de las instituciones democráticas del país han empeorado las cosas. Bajo la vigilancia de Maduro, los servicios básicos han dejado de funcionar. En el 2016, se les dijo a los empleados del gobierno que se presentaran solo dos días a la semana para conservar la electricidad. El país sufrió cortes de energía masivos de todos modos.

En enero, Maduro realizó su segunda juramentación, luego de ganar una elección presidencial fraudulenta en mayo pasado. En respuesta, muchos países latinoamericanos, junto con Canadá, Estados Unidos y algunos estados miembros de la Unión Europea, han reconocido al presidente de la Asamblea Nacional Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela, de acuerdo con la línea de sucesión constitucional del país. Además, EE.UU., un importante mercado para las exportaciones petroleras venezolanas, ha sancionado al régimen de Maduro, ha congelado sus cuentas bancarias y ha dirigido los pagos de las compañías estadounidenses por el petróleo venezolano a una nueva cuenta que se pondrá a disposición de Guaidó.

Ante las protestas masivas, Maduro ha continuado recurriendo a la intimidación, al encarcelamiento y al hambre de figuras de la oposición, mientras soborna a los líderes militares por su apoyo. Sin embargo, la pregunta no es si Maduro podrá resistir, sino por cuánto tiempo. Su régimen no puede durar indefinidamente y, cuando caiga, Venezuela tendrá necesidades apremiantes.

Para empezar, el país requerirá ayuda humanitaria a gran escala. Los hospitales deben ser reabastecidos, las escuelas reabiertas y el transporte público restablecido, así como otros servicios vitales. Y la comida debe estar disponible para una población gravemente desnutrida.

Al mismo tiempo, Venezuela necesitará reformas para terminar con la inflación, restaurar la estabilidad macroeconómica y reactivar la actividad económica. También requerirá apoyo financiero para importar suministros y reparar maquinaria y equipo. Esto se aplica no solo a la producción de petróleo, sino a todos los sectores económicos.

La reconstrucción de Venezuela será un proceso largo. En tiempos de guerra, la producción tiende a disminuir debido a que el enemigo deshabilita infraestructura clave como las conexiones ferroviarias y las instalaciones de generación de energía. En Venezuela, es como si el país hubiera estado librando una guerra total: los centros operativos vitales están funcionando mal porque se ha descuidado el mantenimiento de rutina y se ha desestimulado la inversión durante más de una década.

El desafío, entonces, es restaurar un entorno macroeconómico estable y un clima de negocios; al mismo tiempo que se mejora la calidad de vida de los ciudadanos venezolanos para que continúen apoyando las reformas políticas. Esto no sería fácil incluso para un país que ha sido mucho menos devastado que Venezuela.

Se espera que los próximos líderes de Venezuela y la comunidad internacional comprendan la naturaleza del desafío y tomen las medidas necesarias para mantener la paz social durante la reconstrucción. Los venezolanos finalmente pueden ver la luz al final del túnel. Pero los días difíciles están por venir.

–Traducido y editado–

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