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Las AFP, Homero Simpson y Jaime Delgado, por Enrique Pasquel

¿Decidimos como Homero Simpson y los burócratas o congresistas como Albert Einstein?

Independientes no gozarían de menor Impuesto a la Renta en 2015

Independientes no gozarían de menor Impuesto a la Renta en 2015

Los defensores de los aportes previsionales forzosos sostienen que la gente es incapaz de tomar decisiones financieras adecuadas para velar por su vejez. Se amparan en estudios de economía conductal que muestran cómo los individuos se comportan irracionalmente. Richard Thaler y Cass Sunstein (dos de los principales exponentes de esta disciplina), de hecho, señalan que “hay un pequeño Homero Simpson en todos nosotros”, graficando así lo torpes que son las personas en algunas circunstancias. Y a base de esta premisa se argumenta que se debe obligar a las personas a entregar parte de su dinero a una administradora especializada que funcione bajo reglas diseñadas por el Estado.

Que hay individuos que toman decisiones incorrectas en la vida es innegable. Pero que la solución sea forzarnos a ahorrar en la ONP o en una AFP es un salto muy grande.

Y es que esto implica asumir que los ciudadanos decidimos como Homero Simpson y que los burócratas o congresistas que diseñan el sistema previsional deciden como Albert Einstein, tomando iluminadas decisiones. 

Lo cierto, sin embargo, es que las regulaciones estatales a menudo son muy estúpidas y llevan a resultados contraproducentes. Por ejemplo, el año pasado hubiese sido más convienente depositar los fondos de un afiliado en una cuenta a plazo fijo que en la mayoría de los 12 fondos que manejan las AFP. En otras palabras, durante el 2013 el Estado obligó a muchos aportantes a perder dinero. Las regulaciones, asismismo, obligan a las AFP a invertir la mayoría del dinero en el país, forzando a los afiliados a asumir un riesgo absurdo. Además, no permiten a las personas retirar sus aportes para solventar gastos claramente más urgentes que guardar pan para mayo, como financiar una operación de vida o muerte. Por otro lado, presumen que todas las personas estan dispuestas a sacrificar una mayor parte de sus ingresos hoy para tener una pensión similar a su último sueldo cuando se retiren, siendo perfectamente posible que alguien prefiera gozar más en el presente y ajustarse mañana. Adicionalmente, el sistema hace que asumamos el riesgo de que en un futuro sea elegida una Cristina Kirchner que se levante en peso nuestros ahorros previsionales. Y, entre lo más grave, no se tiene en cuenta que se fomenta la informalidad, que hoy llega a casi siete de cada diez trabajadores y que hace que el sistema de ONP y AFP exista solo para la minoría de peruanos.

Lo cierto es que las decisiones públicas suelen ser peor que los errores privados. Primero porque, a diferencia de los burócratas, los particulares asumen las consecuencias de sus errores y eso disciplina sus decisiones en el futuro. Segundo, porque la burocracia no conoce las necesidades específicas de cada individuo. Tercero, porque las regulaciones responden a los vaivenes políticos y no a razones de fondo, lo que explica su usual irracionalidad. 

Un buen ejemplo de esto último lo personifica Jaime Delgado, quien acaba de renunciar a su bancada porque esta quiere imponer el aporte a los independientes. Una posición que se contradice por completo con el hecho de que él fue el principal impulsor de la ley en cuestión. Lo que sucede, por supuesto, es que ahora está intentando recuperar algunos de los votos que perdió por un mal cálculo político.

Este es el tipo de político o burócrata iluminado que realmente termina decidiendo en nuestro nombre. La verdad, me quedo con Homero.

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