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De derechas, izquierdas y confusiones, por Enzo Defilippi

"Resulta bastante audaz, por decir lo menos, argumentar que la confianza empresarial genera desarrollo".

Enzo Defilippi Profesor de Pacífico Business School

Desarrollo ilustración

"¿Acaso el chavismo es la única alternativa al crecimiento sin instituciones? ¿Qué tal el crecimiento con instituciones?". (Ilustración: Víctor Aguilar)

Ilustración: Víctor Aguilar.

A raíz de la crítica de Franco Giuffra (“La pesadilla izquierdista es realidad” del 28/9/2017) a la columna de Alberto Vergara (“El sueño derechista era pesadilla”, del 24/9/2017), pregunté en Twitter si alguien conocía algún estudio en el que la confianza empresarial sea una variable explicativa del desarrollo. Giuffra había criticado a Vergara por decir que nunca se había topado con una investigación seria donde lo fuera. Pero lo único que obtuve fue la explicación sobre cómo la confianza genera inversión.

A ver. La confianza genera inversión y la inversión crecimiento, pero crecimiento y desarrollo son conceptos muy diferentes. Resulta bastante audaz, por decir lo menos, argumentar que la confianza empresarial genera desarrollo. Este último es un concepto amplio que abarca institucionalidad, respeto a la ley, igualdad de oportunidades y acceso a la justicia, entre otros aspectos. Parafraseando a Amartya Sen, una sociedad desarrollada es aquella en la que cualquiera puede realizarse como persona (desarrollar sus habilidades) sin importar sus condiciones de origen. Para ello es necesario generar riqueza y por eso es imprescindible generar crecimiento económico, pero confundir crecimiento con desarrollo es tan equivocado como decir que el aire es lo mismo que la vida porque el aire es necesario para la vida.

Giuffra también critica a Vergara por su (mordaz) definición del “pensamiento Playa Blanca”: creer que reducir trámites califica como revolución social. Bueno, a mí, como a cualquiera que haya tenido que hacer trámites, muchísimos me parecen contraproducentes, redundantes y hasta ridículos (además que afectan más a la gente honesta). Eso es suficiente para trabajar duro en su eliminación. Pero de allí a creer que solucionar ese problema va a tener un impacto crucial en nuestro desarrollo, hay un buen trecho.

En efecto, imaginemos al Perú 10 años después de haber eliminado los trámites absurdos. ¿Cuánto más alta sería la productividad (y salario) del trabajador promedio con respecto a lo que se esperaba? ¿Cuál hubiese sido su efecto en los indicadores de educación, acceso a la justicia o movilidad social? Insignificante. Una cosa es limpiar el camino a la catedral y otra, muy diferente, construir una.

Giuffra también afirma que el gran tamaño de nuestra informalidad es una función directa de la mala regulación. Eso es discutible. Si fuese cierto, cualquier mejora regulatoria (que ha habido) se hubiese reflejado en un aumento sustancial de la formalidad, y eso no es lo que se observa. Una mejor explicación de la informalidad es la escasa productividad de las empresas informales, que hace que la regulación (hasta la razonable) sea onerosa para ellas. Además, su ubicuidad facilita escapar de los controles.

Yo no he tenido la oportunidad de conocer a Alberto Vergara ni sé cuáles son sus ideas políticas (para explicarlo, nadie mejor que él), pero sé que así como no es requisito ser de la ‘U’ para criticar al Alianza, criticar el sueño derechista no implica ser partidario de la pesadilla izquierdista. Por ello, no entiendo por qué supone Giuffra que el desastre que vive Venezuela es un argumento contra las críticas de Vergara. ¿Acaso el chavismo es la única alternativa al crecimiento sin instituciones? ¿Qué tal el crecimiento con instituciones?

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