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El desvalor de la verdad, por Andrés Calderón

"Si no queremos basura, antes que prohibir su venta, deberíamos dejar de consumirla".

Andrés Calderón Abogado. Profesor de la Universidad del Pacífico.

El desvalor de la verdad, por Andrés Calderón

El desvalor de la verdad, por Andrés Calderón

Primero fue Ruth Thalía, la primera concursante de El Valor de la Verdad (EVDV), que ganó S/15.000 luego de confesar que sostenía relaciones sexuales a cambio de dinero, pero encontró la muerte a los pocos meses, al ser asesinada por su ex pareja que la acompañó ese día al programa. Luego estuvo el caso de Tilsa Lozano, quien revelaría detalles íntimos de su vida en pareja con el ‘Loco’ Vargas. Se especuló en los días previos que este último había interpuesto una acción de amparo para impedir que se difundiera el programa. Hace unas semanas fue Yahaira Plasencia, la última víctima del ‘bullying’ mediático, luego de que un concursante en EVDV alegara su infidelidad. Plasencia ya anunció que tomará acciones legales.

No son pocas las voces que han cuestionado la licitud de este programa conducido por Beto Ortiz y, de hecho, el canal Latina ha recibido más de una sanción de parte del Ministerio de Transportes y Comunicaciones y del Tribunal de Ética de la Sociedad Nacional de Radio y Televisión.

Aclaremos algunos conceptos, entonces: ¿Es el programa responsable por difamación y dañar el honor de terceros? No. Si lo que afirma el concursante es falso, eso finalmente es culpa de quien hace la afirmación. El programa, es cierto, le da cierto halo de veracidad a través de la prueba del  polígrafo (vamos, el polígrafo debe ser lo menos importante para los responsables del programa), pero ello no los convierte en los autores de las aseveraciones. Lo “único” que hace "El valor de la verdad" es darle un micrófono y una oportunidad para que pueda, tal vez sí, tal vez no, humillar a alguien ante millones de personas.

Pero difunden aspectos muy privados, ¿no cometen el delito de violación a la intimidad? No. Nuevamente, quien decide revelar aspectos íntimos es el concursante. Incluso, si esos detalles son ciertos y el concursante fue partícipe de ellos, en principio, está en su derecho de exponerlos al mundo. Lo “único” que hace "El valor de la verdad" es darle la palestra para exponer los pormenores más íntimos de su vida y la de terceros, cuyo interés público solo se entendería por el morbo que nos mueve para conocerlos.

Pero si es evidente que, a través del programa, se va a afectar el honor y la intimidad de terceros, ¿no se podría evitar su difusión? No. La censura previa es la restricción más severa a la libertad de expresión, y en la mayoría de países solo se acepta en escenarios muy excepcionales (por ejemplo, algunos casos de seguridad nacional). Además, "El valor de la verdad" no tiene por qué suponer que sus concursantes buscan dañar a terceros. Se “supone”.

¿Y no puede ser responsable por instigación (después de todo, les ofrece dinero)? No. Es cierto que el programa da a sus concursantes un aliciente económico y otros menos tangibles (la fama mediática del mundo farandulero) por hacer sus revelaciones. Pero tampoco les pone una pistola en la cabeza. Ellos deciden si dan el siguiente paso o no. Lo “único” que hace "El valor de la verdad" es premiarlos por lo que ellos deciden divulgar.

A estas alturas, querido lector, ya está bastante claro que sostener que algo es lícito no equivale a decir que algo tiene valor.

Estoy en contra de la regulación y censura de contenidos por varias razones. Principalmente, porque no creo en las mayorías imponiendo sus estándares televisivos sobre las minorías (o viceversa). Y, además, creo que la censura es poco útil. Si no queremos basura, antes que prohibir su venta, deberíamos dejar de consumirla, ¿no? 

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