La economía de “Los Simpson”, por Ian Vásquez
La economía de “Los Simpson”, por Ian Vásquez

La mayoría de estudiantes que toman un curso introductorio de economía no vuelven a matricularse en esa materia pero sí participan activamente en la economía el resto de sus vidas.
Al hacer esa observación, el profesor estadounidense Josh Hall propone que la enseñanza de principios básicos de economía se haga de manera distinta. En vez de pretender que todos los estudiantes principiantes se conviertan en economistas profesionales, sería mejor darles herramientas y conocimientos útiles para la vida diaria, y hacerlo de manera cautivadora. 
Específicamente, Hall propone lo que le ha resultado exitoso como profesor: usar la serie de dibujos animados “” para instruir sobre las ideas más fundamentales de economía. Es el tema de su nuevo libro, “Homero economicus”, publicado por la y al que numerosos profesores contribuyen con ensayos apoyando la propuesta.
El problema de un entendimiento incompleto y a veces equivocado de la economía va más allá de los estudiantes que se aburrieron en una clase. Lo inquietante es que incluye a políticos, probablemente la mayoría, que toman decisiones sobre nuestras vidas.  
Un episodio de “Los Simpson” resalta la ventaja comparativa, concepto frecuentemente violado por los gobiernos. El señor Burns, dueño de la planta nuclear, trata de bloquear la luz del sol, pues le hace mucha competencia y calcula las enormes ganancias que podría tener su empresa con más demanda de electricidad. Obviamente la sociedad sería más pobre si el Sr. Burns tuviera éxito. Pero es un ejemplo exagerado de una tentación común: proteger a empresas nacionales si existe competencia extranjera que ofrece bienes a precios más bajos.
Quien produce algo a un costo relativamente menor tiene una ventaja comparativa, y permitirlo incrementa la riqueza. El Perú ha mejorado enormemente en este sentido desde principios de los noventa, pero todavía viola el concepto. Quizás el ejemplo reciente más atroz es eldel Gobierno de “diversificar” al país—una receta que dará favoritismo financiero y otras protecciones a empresas particulares. Los señores Burns del Perú se beneficiarán a costa de los demás. 
Homero Simpson es una persona que come mal, ve mucha tele y evita el trabajo y el ejercicio. Quizás no es un modelo a seguir, pero toma decisiones racionales en el sentido de que busca satisfacer lo que él valora. Su vida resalta el hecho de que todo valor es subjetivo y se basa en el criterio y las posibilidades de cada quien. Cuando se vulnera el principio del valor subjetivo, se producen consecuencias inesperadas. Un ejemplo se da en el episodio en que Springfield prohíbe el alcohol y se generan mafias, corrupción en la policía y un consumo mayor de alcohol fuerte. Es exactamente lo que ocurrió en EE.UU. durante la prohibición y semejante a lo que ocurre en el Perú con la guerra contra las drogas.  
Las consecuencias inesperadas se ven a través de toda la economía peruana. Las intentan mejorar la condición de los trabajadores pero terminan elevando su costo, beneficiando a una minoría y ayudando a crear un sector informal de casi el 70% de la fuerza laboral. La educación estatal es cada vez menos universal en la medida en que un tsunami de gente opta por educarse en escuelas  privadas, muchos en el sector informal. La nueva irrespeta los valores subjetivos y decisiones libres de los peruanos, por lo que podemos predecir que habrá más consecuencias inesperadas.
Hay muchos más principios que podemos aprender de “Los Simpson”. Pero con esto no quiero decir que todos los políticos, mucho menos los ministros con carteras económicas, no entienden conceptos básicos de economía. El libro del profesor Hall también resalta episodios de cómo y por qué los grupos de presión pueden manipular el sistema político para producir malas decisiones. O sea, las lecciones de “Los Simpson” son muchas.