Luna de miel congresal, por Arturo Maldonado
Luna de miel congresal, por Arturo Maldonado
Arturo Maldonado

El Congreso de la República es un pilar de la democracia liberal, pero a la vez una de las instituciones menos confiables para los ciudadanos. En el mundo, los latinoamericanos son los que menos confían en esta institución, según datos de la Encuesta Mundial de Valores. Y entre los países de América Latina, la confianza en el Congreso peruano es de las más bajas. Como un ejemplo de ello, el anterior Legislativo cerró sus funciones con una aprobación de solo el 12% de la ciudadanía.

Por esto es sorprendente que el nuevo Parlamento empiece con buen pie. Según la última encuesta de GFK, el Congreso tiene la aprobación del 44% de los peruanos. 

Sin embargo, este dato hay que ponerlo en perspectiva. Como hemos mencionado, el Congreso anterior terminó con una aprobación exigua, pero empezó en un nivel similar que el actual (41% de aprobación). Es decir, de la misma manera que el presidente está viviendo una luna de miel, el Congreso también tiene este período en que recibe una bonificación extra de popularidad.

La aprobación del Congreso se correlaciona con otros aspectos de su trabajo y del sistema. Principalmente, la confianza en esta institución va de la mano con su performance, con la imagen de los partidos políticos que la integran y con la percepción del proceso legislativo. Es decir, un Congreso cuya performance es pobremente evaluada, integrada por partidos desprestigiados y con procedimientos engorrosos y poco transparentes, verá su aprobación minada en el tiempo. 

La pregunta no es entonces si caerá o no esta aprobación, sino cual será el ritmo de la caída y si será brusca o lenta en el tiempo.

Si el Congreso quiere mantener este bono de aprobación inicial tendría que empezar a dar gestos de buena performance. En ese sentido, una buena oportunidad la constituye la elección del defensor del Pueblo, quien dirige una de las instituciones que, por el contrario, es bastante respetada y aprobada por la población. 

Respecto a la imagen de los partidos, el futuro de la aprobación congresal dependerá en gran medida del futuro de la bancada que tiene mayoría, es decir, Fuerza Popular. En la medida en que el fujimorismo logre un difícil balance entre oposición fiscalizadora y colaboración con el presidente y los intereses de la nación, entonces el Congreso también se beneficiaría de este balance.

El punto más dificultoso es la percepción del proceso legislativo. La naturaleza del Parlamento es ser un espacio de deliberación y debate para tomar decisiones consensuadas. En un país en que la deliberación es vista como una pérdida de tiempo, una institución que tenga como labor diaria el intercambio de puntos de vista es ajena al sentir popular. Gran parte de la población prefiere liderazgos fuertes y ejecutivos, que decidan ágilmente y sin tanto floro. La inmediatez está asociada a la eficiencia. Por el contrario, el debate congresal se asociaría a la ineficiencia.

Los congresistas, a su vez, colaboran poco para cambiar la imagen de la deliberación como un mecanismo necesario para la tarea legislativa. Para los ciudadanos, quedan los instantes en que los congresistas convierten al Congreso principalmente en una tribuna para ataques y para la autopropaganda. La sesión en la que el presidente del Consejo de Ministros, Fernando Zavala, obtuvo el voto de confianza, es muestra de ello.

La actual aprobación congresal es una oportunidad para poder impulsar legislación clave. La experiencia de congresos anteriores, sin embargo, indica que esta podría ser otra oportunidad perdida. Ojalá que no sea así. Quizá los congresistas puedan entrever que la suerte de su institución está atada a su propia suerte reeleccionista.