Madre Mía, ¡qué tal chupón!, por Andrés Calderón
Madre Mía, ¡qué tal chupón!, por Andrés Calderón
Andrés Calderón

Jefe del Departamento de Derecho de la Universidad del Pacífico

El caso de los audios en los que se escucha al ex presidente Ollanta Humala y sus allegados coordinar, aparentemente, los que cambió su declaración originalmente inculpatoria contra Humala en el Caso Madre Mía ha planteado nuevas e interesantes interrogantes.

En dos conferencias de prensa, el propio Humala –en una actitud para nada sorpresiva–, en lugar de explicar el contenido de las grabaciones, las calificó de “interceptaciones ilegales”. Y aunque en una publicada ayer en este Diario, el abogado del señor Humala, Julio Espinoza, evitó usar el término ‘chuponeo’ o el adjetivo ‘ilegal’, asombraría a muy pocos que la estrategia de defensa de los Humala-Heredia incluya poner en entredicho la licitud de los audios, para así evitar responder sobre lo que estos revelan. Audios, agendas, ¿por qué no?

Intentemos responder en esta columna algunas de las principales preguntas, entonces.¿Fue Humala ‘chuponeado’? No. El Ministerio Público informó hace unos días que los que tiene en su poder –y cuyas transcripciones difundió en primicia El Comercio– no corresponden a algún teléfono del ex mandatario. “Las voces de Heredia y Humala son parte de las escuchas porque llamaron o recibieron llamadas de las personas cuyas comunicaciones eran el objetivo de la interceptación”. 

El portal Ojo Público cuenta en detalle la historia. Primero, interceptan a Julio Méndez, maderero del Alto Huallaga, al que el narcoterrorista ‘Artemio’ quería usar para llegar a Humala. A través de él, llegaron a Amílcar Gómez (con quien Méndez se comunicó 29 veces), lugarteniente de Humala en el levantamiento de Locumba y, aparentemente, su operador en el asunto de los testigos del Caso Madre Mía; y luego a Julio Torres Aliaga, tesorero del nacionalismo. Curiosamente, en una de las conversaciones grabadas, Humala habría advertido a Amílcar Gómez que le hablaba desde otro teléfono, ya que el suyo estaba “recontrachuponeado”. Lo que no sabía Humala es que el teléfono de su interlocutor estaba interceptado. Pequeño detalle.

¿Fue lícita la interceptación de las comunicaciones? Sí. Las interceptaciones respondieron a un pedido fiscal y a una autorización judicial, en el marco de la investigación vinculada al narcoterrorismo comentada líneas arriba. Basta con que la autorización judicial incluya un teléfono para que las llamadas entrantes y salientes formen parte del material lícitamente captado.

¿Era lícito grabar también las comunicaciones que incluían a personas que no eran investigadas? Sí. Suele ocurrir que en medio de una interceptación aparecerán llamadas de personas que no tienen nada que ver con el objeto de investigación. Todas las interceptaciones son lícitas. Las que sean útiles para la investigación se conservarán y las que no, podrán ser desechadas.

¿Entonces, los audios de Humala deberían desecharse por no ser parte de la investigación de narcoterrorismo? No. Con acierto, el Código Procesal Penal dispone que la devolución o destrucción de los audios irrelevantes para la investigación no aplica “respecto de aquellas grabaciones que contuvieren informaciones relevantes para otros procedimientos en tanto pudieren constituir un hecho punible”. Es como si la policía allanara una casa buscando las pruebas contra un traficante de drogas y termine encontrando el arma de un homicidio.

Por tanto, para pesar de los Humala-Heredia, los audios sí se podrían utilizar tanto para la investigación sobre lavado de activos y el financiamiento del Partido Nacionalista como para el Caso Madre Mía. No vale chuparse. 

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