Cinco temas a seguir hoy en la agenda económica
Cinco temas a seguir hoy en la agenda económica
Richard Webb

Director del Instituto del Perú de la USMP

Durante nueve años, del 2004 al 2013, la producción por persona se elevó en 5,3% al año. Por contraste, en el 2014 creció apenas 1,2%. El derrumbe sigue agravándose, con indicios que apuntan a un crecimiento negativo durante el último trimestre. No obstante, como toda crisis, la frenada del tiene un elemento de oportunidad. 

La oportunidad se debe a que el dinamismo anterior no fue únicamente un premio a las buenas políticas. También fue resultado de estímulos menos sanos, una fórmula parecida a la de para ser siete veces campeón del : gran estado físico, pero con ayuditas de pichicata. 

La explicación fundamental del dinamismo se encuentra, sin duda, en las reformas de la década de 1990, cuyos frutos han sido el mayor ahorro e inversión, la expansión y mejora de la educación, la fuerte expansión de la conectividad y los avances tecnológicos en todos los sectores y niveles de nuestra estratificada economía. Pero los efectos de esos mecanismos sanos y directamente productivos han sido acrecentados por estímulos menos sanos, algunos no sostenibles, otros incluso perjudiciales a la larga.  
Es el caso, por ejemplo, de la rápida expansión del endeudamiento privado. Con un crecimiento de 12% al año, este ha impulsado el gasto y la producción, pero el peso de esa deuda se ha duplicado, pasando de 20% a 40% de la producción nacional. Se podría considerar que sigue siendo un nivel de endeudamiento moderado. Sin embargo, la carga y el riesgo asociado a una deuda no dependen solo de su nivel, sino también de su costo, y de la velocidad y expectativas de su adquisición. La comparación con otros países debe tomar en cuenta que el costo del crédito peruano es relativamente alto, que el endeudamiento se ha producido rápidamente y que fue asumido a base de proyecciones de ingresos sumamente optimistas. 

Un segundo estímulo con efecto temporal ha sido la elevación en el precio de los terrenos, fenómeno que ha beneficiado extraordinariamente a casi todo propietario en el país, financiando y alentando la inversión, y creando un amplio optimismo a todo nivel de la  sociedad. Una explicación de ese fenómeno sería la alta productividad generada por la aglomeración urbana y por la conexión en general, pero la magnitud del aumento sugiere que el efecto real ha sido magnificado por la especulación. Parece poco probable que ese estímulo continúe siendo un motor del gasto y de la inversión, e incluso se advierte ya un enfriamiento de esta tendencia.

Un tercer estímulo temporal ha sido el abaratamiento del dólar, proceso que ha coincidido con los años de mayor dinamismo del PBI, cuyo efecto inicial ha sido alimentar el optimismo y el gasto de inversión en bienes y equipos importados. El efecto anticompetitivo de un dólar barato se produce más gradualmente, pero es evidente que ha empezado a afectar a muchos exportadores. Por otro lado, la combinación de un leve abaratamiento cambiario, un alto nivel de reservas y las expectativas de un continuo dinamismo exportador han tenido el efecto de crear una subestimación del riesgo cambiario, que estimula el endeudamiento de moneda extranjera. 

La lista de estimulantes poco sanos y poco sostenibles podría extenderse. Debería incluir, por ejemplo, la pérdida de disciplina fiscal y el retroceso en reformas esenciales para lograr la competitividad que exige el mundo moderno. En general, es el mismo éxito real el que nos presenta la trampa de subestimar riesgos y de bajar la guardia de la disciplina, trampa que se agranda mientras dura el auge. De allí que el enfriamiento se presenta como una oportunidad para retomar la disciplina fiscal y reformista, moderar el endeudamiento y el riesgo cambiario y no confiar en la subida sin límites de los precios de terrenos.