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Petro-Perú ja, ja, ja, por Franco Giuffra

Ahora no falta quien duda si los números de Talara también están cocinados, si no costará el doble y demorará el triple.

Franco Giuffra Empresario

Petro-Perú ja, ja, ja, por Franco Giuffra

Petro-Perú ja, ja, ja, por Franco Giuffra

Para suavizar el despropósito de la inversión millonaria en la refinería de Talara, el gobierno nos regaló en diciembre del 2013 la Ley 30130. En esencia, la norma daba luz verde al proyecto talareño, autorizaba la venta del 49% de acciones de Petro-Perú y concedía nueve meses a la empresa para arreglarse toda y peinarse bonito, para cotizar en los mercados internacionales. Además, le ponía candado a nuevas inversiones para no distraer recursos.

La norma en sí era una broma: conminaba a la petrolera a implementar en los siguientes 270 días medidas que generaran y maximizaran el valor de la compañía, algo que debería ser la razón de ser de una empresa, en todo momento. Junto con ello, le ordenaba “asegurar el saneamiento patrimonial, financiero y legal, y la sostenibilidad de las operaciones”. Para coadyuvar al éxito de esas aspiraciones, en julio del 2014 se designó un nuevo presidente.

Vencido el plazo, lo que ha logrado la empresa para reorganizarse integralmente ha sido otro chiste de humor negro. En primer lugar, en materia financiera, pasó de ganar unos ínfimos 92 millones de soles en el 2013 a perder 95 millones en el 2014. 

Pero la mejor parte de este esfuerzo por convertir a Petro-Perú en una empresa de talla internacional la ha dado a conocer hace poco la nueva ministra de Energía y Minas, Rosa María Ortiz Ríos. Resulta que, en los últimos meses, la gerencia de la empresa estuvo suministrando información equivocada al directorio para que tome decisiones inadecuadas. Lo han engañado, dice.

Sobre la base de esos engaños y de las despistadas ocurrencias del ex ministro Eleodoro Mayorga, la empresa ha naufragado en indefiniciones estratégicas sobre qué negocios hacer, en cuáles gana o pierde plata y cómo puede sacarle la vuelta al candado que se le impuso en el 2013. De hecho, como señal de este desconcierto, acaba de deshacer, atinadamente, un compromiso de inversión que había contraído hace pocas semanas para explotar petróleo en la selva.

Mientras tanto, ¿cómo va el avance del megaproyecto de Talara? Difícil de saber, porque la propia ministra ha declarado que ella no le cree nada a los informes de Petro-Perú. De manera que, siendo que la propia empresa genera reportes inverosímiles, todo hace pensar que la información actualizada sobre este proyecto la suministrará en adelante Melcochita.

El chiste del estribo, sin embargo, lo brinda otro nuevo presidente del directorio, a pocas semanas de estrenar el cargo. Le preguntan qué pasaría si los futuros accionistas privados de Petro-Perú le exigen retirarse de un negocio que no es rentable, como la distribución de GLP. No hay problema, dice el mandamás de la empresa, él los convencerá de que no ganen plata porque Petro-Perú debe convertirse en una ‘love mark’.

¿Y sabe qué ha sucedido con los gerentes que engañaron al directorio anterior? ¿Los han puesto en la calle de manera inmediata como hubiera ocurrido en cualquier empresa bien gestionada? No, le han corrido traslado de todo a la contraloría para las “investigaciones correspondientes”. 

Ahora no falta quien duda si los números de Talara también están cocinados, si no costará el doble y demorará el triple. Ha trascendido que el nuevo presidente ya le ha puesto el ojo a esas cifras y que espera en cualquier momento un informe definitivo por parte de Condorito. De eso a la bolsa de Nueva York no hay más que un paso, felizmente.

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